GASTRONOMÍA Y MERCADOS MEXICANOS: Como agua para chocolate (Laura Esquivel)

Esta vez saltamos de continente y nos vamos a México, un país que me fascinó por su gente acogedora, paisajes increíbles, selvas exuberantes, playas de arena blanca y agua azul casi transparente, ruinas imponentes, ciudades coloniales, ritos y tradiciones ancestrales, mercadillos coloristas y un largo etcétera de atractivos.

He leído muchos libros sobre México y prometo dedicar más entradas a este país, pero voy a empezar con una novela que me gustó especialmente: Como agua para chocolate de Laura Esquivel.

 

PORTADA COMO AGUA PARA CHOCOLATE 2

 

TITULO: Como agua para chocolate.

AUTORA: Laura Esquivel

EDITORIAL: De Bolsillo

ISBN: 9788497592314

Leí esta novela hace exactamente veinte años y he vuelto a leerla esta semana. En las dos ocasiones me ha parecido una novela deliciosa y lo digo en el sentido literal de la palabra, ya que no sólo se trata de una historia inolvidable, sino que además se entremezcla con recetas de cocina mejicana. En su día compré una edición especial ilustrada que editó Grijalbo y he tenido la suerte de disfrutar de su precioso diseño y fotografías y de la incorporación de las recetas de la obra en cada capitulo a modo de libro de cocina.

La historia se desarrolla en un rancho cerca del pueblo de Piedras Negras, al norte de México en la frontera con EE.UU. El rancho lo gobierna una viuda, Mama Elena, que tiene tres hijas. Es una mujer cruel e implacable que ejerce un poder férreo sobre todo el que le rodea, pero especialmente sobre su hija menor, Tita, que debe seguir una tradición familiar según la cual la hija menor no puede casarse, porque tiene que cuidar a su madre hasta que muera.

Tita y el joven Pedro se aman, pero no pueden casarse por imposición de Mama Elena. Con tal de vivir cerca de Tita, Pedro acepta casarse con su hermana Rosaura. Este es sólo el comienzo de la historia, pero fácilmente se pueden adivinar las complicaciones que surgen con la pasión entre Tita y Pedro, los celos de Rosaura y la vigilancia de la madre.

Toda la vida de Tita gira en torno a la cocina y a las recetas que elabora. La novela tiene doce capítulos y cada uno está dedicado a un mes del año y una receta especial. Es una historia de amores y desencuentros donde los sentimientos van vinculados a los alimentos y a su elaboración.  Tita tiene el don de influir en los sentimientos y emociones de los que prueban sus recetas. El disfrute de la comida se vincula al deseo y el goce carnal. En la narración se mezclan continuamente las pasiones con el lenguaje culinario. Por ejemplo, cuando Tita conoce y se enamora de Pedro: “Giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Pedro. En ese momento comprendió perfectamente lo que debe sentir la masa de un buñuelo al entrar en contacto con el aceite hirviendo”

Además de una gran riqueza de vocabulario, la novela se enmarca en el realismo mágico, ya que el mundo ordinario se entremezcla con el sobrenatural y con sucesos inexplicables, como por ejemplo la aparición de fantasmas, en unas ocasiones protectores, pero en otras, amenazantes.

De esta novela se hizo posteriormente una excelente adaptación cinematográfica. He escogido una escena que es muy representativa de toda la historia. Es el momento en el que Tita elabora codornices en pétalos de rosa, con unas flores que le ha regalado Pedro y que su madre le ha ordenado tirar a la basura.

 

GASTRONOMÍA Y MERCADOS MEXICANOS

Como ya he dicho antes, dedicaré futuras entradas a México, pero en esta ocasión, y para enlazar con el libro, voy a hablar sólo de su gastronomía y sus mercados, ya que cuando visitas este país te das cuenta de sólo conocemos una ínfima parte de la cocina mexicana, en la que se fusionó toda la cultura y productos precolombinos con la gastronomía y los productos traídos por los conquistadores españoles.

Aparte de la gran variedad de fajitas, burritos, tacos, enchiladas y otros “platillos”, quiero destacar especialmente los moles (o salsas). Uno de los más deliciosos es el mole poblano, que debe su nombre a la ciudad de Puebla y que se elabora con chocolate entre una gran cantidad de ingredientes. Sirve para acompañar guisos de carne. Yo lo probé con pollo y es delicioso. Otro mole exquisito es el almendrado. Tampoco me puedo olvidar del guacamole, que todos conocemos, aunque se sirve con los ingredientes menos machacados que en España.

Los mejicanos son muy golosos por lo que abundan los dulces y las pastelerías. Donde vi más variedad de dulces fue en la ciudad de Puebla. Allí venden hasta unas divertidas calaveras de azuzar (en la presentación puedes ver alguna foto de los dulces poblanos, incluidas las calaveras).

En Oaxaca pude visitar dos mercados donde la gente se abastece de todo tipo de alimentos, incluidos los “chapulines”, que son una variedad de saltamontes de color rojo, ya que los mexicanos comen todo tipo de insectos. Después de verlos apilados en grandes montones en el mercado, los pedimos por la noche. Los sirven con tortitas de maíz y acompañados de queso y guacamole. Yo fui incapaz de probarlos, pero mis amigos comentaron que tienen un fuerte sabor a las especias con las que están condimentados.

De todos los mercados que visité quiero destacar el de San Cristobal de las Casas, en la región de Chiapas. Las mujeres indígenas, con largas trenzas negras y vestidas con faldas de pelo largo negro y camisas de tela brillante, colocan con gran mimo su género haciendo montículos, normalmente sobre multicolores cubos de plástico. Es un espectáculo ver cada puesto, donde se alinean perfectamente los montoncitos de patatas, chiles, tomates, calabacines y resto del género. Se venden también hormigas tostadas, especias de todo tipo, legumbres, velas e imágenes de santos, así como productos para hacer hechizos.

Finalmente, no puedo terminar sin mencionar el tequila y el mezcal, que se extraen de distintas variedades de cactus. Además de tomar el tequila con la sal y mordiendo la lima, en todas partes te sirven excelentes “margaritas” (coctel elaborado con tequila, cointreau, zumo de lima y azúcar). Las copas las sirven con el borde mojado en limón y sal.

En la elaboración del mezcal utilizan además gusanos y las copas las adornan con “sal de gusano”.

 

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9 pensamientos en “GASTRONOMÍA Y MERCADOS MEXICANOS: Como agua para chocolate (Laura Esquivel)

  1. Otro viajazo en común, lárgamente deseado por mi parte. ¡¡¡Qué maravilla de país¡¡¡ Desde su historia y cultura, hasta sus tradiciones, tal y como comentas. Mexico DF, Oaxaca, Puebla, Chichien Itzá, Tulum, …Difícil será olvidar la visita a San Cristóbal de las Casas, aquella Iglesia llena de santos y cubierta de verde….La experiencia de probar los chapulines y aquel brevaje “la ruleta rusa”…El baño en el cenote. Y el mejor remate fue finalizar con la parte “lúdica” de la Ribera Maya, playita, sol y la experiencia de nadar junto a delfines…y junto a tiburones ballena…enfin, que de nuevo, ¡¡¡gracias por traerme tan buenos recuerdos¡¡¡

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  2. Por un momento me he sentido felizmente en México y además saboreando tacos,mole,dulces de Puebla y las mil cosas ricas que cuentas, que comas donde las comas,siempre te las ofrecen con cariño y sonrisa!

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  3. Me ha parecido preciosa y llena de detalles interesantes tu reseña de este libro entrelazada con tu crónica sobre Méjico aunque para mi gusto lo encuentro un poco corto, supongo que esta brevedad se deberá a unas pautas que te has trazado para todo el blog. La verdad es yo no vi esa famosa peli ni leí ese libro ni conozco Méjico, conque poco puedo comentar en plan contraste. De la comida mejicana sólo recuerdo unos nachos que tomé hace años en San Francisco tan picantes que casi me hacen saltar hasta el cielo.

    Me hubiera gustado conocer tu opinión sobre el carácter de los mejicanos, aunque a lo mejor eso escapa al objetivo del blog.

    En todo caso, enhorabuena.

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    • Muchas gracias por tu crítica. Es verdad que se queda un poco corta para hablar de un país con tantos matices, pero me pareció que la entrada ya era bastante larga y no quiero aburrir a los lectores. Por eso me he comprometido a dedicar futuras entradas a México y tratar en esta sólo de la comida y los mercados.

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