SOWETO (JOHANNESBURGO): La analfabeta que era un genio de los números (Jonas Jonasson)

Hasta ahora he dedicado todos mis asientos a lugares bellos, interesantes o atractivos, pero en esta ocasión he escogido un símbolo de la miseria humana, que debería servir para que la discriminación por el simple color de la piel no se produjera nunca más. Me refiero a Soweto, el inmenso gueto de Johannesburgo, surgido en los años del apartheid. La novela escogida es La analfabeta que era un genio de los números de Jonas Jonasson.

 PORTADA DE LA ANALFABETA QUE ERA UN GENIO DE LOS NÚMEROS

TÍTULO: La analfabeta que era un genio de los números

AUTOR: Jonas Jonasson

EDITORIAL: Salamandra

ISBN: 9788498385724

NÚMERO DE PÁGINAS: 416

 

Tras el inmenso éxito conseguido con “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, que todavía no he leído, el escritor sueco Jonas Jonasson ha publicado esta segunda novela, que he escogido porque la acción inicial se desarrolla en Soweto durante los años 70, los peores del apartheid o segregación racial de Sudáfrica.

La protagonista, Nombeko Mayeki, es una niña superdotada, que aprende a contar mientras traslada y vacía cubos de las letrinas de Soweto. Vive en una chabola con su madre drogadicta y no tiene ningún futuro en ese sórdido ambiente. Sin embargo, Nombeko es una superviviente nata y gracias a su excepcional inteligencia y a su afán de superación consigue sobrellevar las peripecias más absurdas y delirantes, hasta convertirse en un elemento clave en la seguridad nuclear sueca y en el equilibrio de poderes mundial.

La historia es disparatada y muy divertida. La trama es absurda, pero la acción trepidante te mantiene continuamente en vilo. La novela es mordaz e ingeniosa y es una dura y ácida crítica contra los políticos y la política internacional. No deja títere con cabeza: desde políticos africanos, suecos y chinos, hasta espías israelíes, pasando por la monarquía sueca, todos reciben la crítica descarnada del autor.

La objeción que podría hacerse es que, al ser una novela tan irónica y divertida, el tema del “apartheid” queda un poco suavizado. Creo que el autor debería haber cargado más las tintas al describir la  discriminación racial, la terrible pobreza y la falta de perspectivas de futuro de los habitantes de Soweto.  Por ejemplo, la protagonista sale por primera vez de Soweto y es atropellada en una calle de Johannesburgo por un conductor blanco, que circula completamente borracho y que ha invadido la acera. Se da la paradoja de que condenan a la niña por haber causado el accidente. Seguro que casos de este tipo se produjeron durante los años 70 y, sin embargo, al mezclarse con otras situaciones absurdas del libro, queda un poco diluida la crudeza de la historia.

 De todos modos, es un libro irreverente, desenfadado y agradable de leer, que se aparta de la línea de novela negra seguida por otros autores suecos consagrados por el gran público.

 

SOWETO

Tuve ocasión de visitar Soweto hace dos años, en un viaje a Sudáfrica. Casi todos los vuelos internacionales aterrizan en Johannesburgo, una ciudad carente de atractivos turísticos, pero con un enorme e impresionante aeropuerto, que hace que sea escala inevitable de cualquier viaje a ese país.

A pesar de lo que mucha gente cree, Johannesburgo no es la capital de Sudáfrica. Este país tiene tres capitales: la capital ejecutiva es Pretoria, la capital legislativa es Ciudad del Cabo y la capital judicial es Bloemfontein.

Johannesburgo es una ciudad muy peligrosa y con pocos sitios interesantes de visitar. Por ese motivo, en todos los catálogos de viajes a Sudáfrica no está prevista ninguna visita, a pesar de que siempre se pasa por ella. Incluso hace años, algunos familiares me comentaron que tuvieron que visitarla en autobuses escoltados por policía y sin hacer ningún tipo de parada.

Actualmente no es así, ya que la situación ha cambiado en los últimos años, sobre todo tras el Mundial de futbol que se celebró en el año 2010 y que tan buen recuerdo nos dejó a los españoles. Sin embargo, conviene visitar sólo determinadas zonas, ir acompañado de algún guía local y no bajarse del vehículo más que en las zonas que éste recomiende.

Mis amigos y yo no estábamos dispuestos a perder un día completo metidos en un complejo hotelero fuertemente vigilado y protegido con barreras, con un casino como único atractivo, por lo que contratamos a un guía que nos llevó a Soweto, que considero que sí es una visita imprescindible en Johannesburgo.

Soweto es un gueto inmenso que fue construido durante los años del apartheid para alojar a los africanos negros que hasta entonces vivían en áreas designadas por el gobierno para los blancos. El barrio creció descontroladamente y se calcula que tiene una población entre tres y cuatro millones de habitantes, que durante años han vivido hacinados y oprimidos.

En la década de los 70 ya hubo manifestaciones para condenar la precariedad de vida en el gueto. En junio de 1976 hubo una protesta pacífica que se saldó con 575 muertos atribuidos a la brutal carga policial. Soweto fue la máxima expresión de la oposición al apartheid hasta la elección de Nelson Mandela como Presidente de Sudáfrica en 1994.

En la actualidad, merece la pena visitar Soweto por su interés histórico, a pesar de que su visita es un poco deprimente. El barrio presenta grandes extensiones completamente cubiertas por chabolas, pero también hay zonas en las que se han hecho casas con techos de uralita, que mejoran las condiciones de vida anteriores. JOHANNESBURGO (058)

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En conjunto, el barrio es gris y bastante deprimente, a pesar de que sólo se visitan las calles principales y de mejor apariencia. El escaso colorido lo aportan algunos murales en las paredes.

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Después de una visita panorámica , visitamos la casa de Mandela, dedicada ahora a un museo sobre esta figura imprescindible en la historia de Sudáfrica y su lucha contra el apartheid.

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También pudimos disfrutar de un paseo por las calles adyacentes al museo, pobladas de pequeños puestecillos y algún restaurante para atender al incipiente turismo.

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En conjunto, creo que el país ha mejorado y que hay menos discriminación racial, pero mi impresión es que les quedan muchos años todavía para superar todas las barreras raciales y para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Por ejemplo, la guía local que nos acompañó durante el resto del viaje, a pesar de nuestra insistencia, en ningún momento quiso hablarnos del tema del apartheid, ni de Nelson Mandela, al que sólo dedicó algún comentario despectivo. Sin embargo tuvimos que aguantar largas charlas sobre los primeros colonizadores blancos del país.

He preparado una presentación con más fotos de Soweto para ofrecer una visión más completa del gueto.

 

Por último, no quiero terminar el asiento sin mencionar que los sudafricanos son gente acogedora, muy alegre y muy sonriente, con una risa fácil y contagiosa. Además, eran especialmente cariñosos con nosotros al decir que éramos españoles y siempre nos decían la palabra mágica:  “Iniesta”. Parece ser que su gol les dejó un profundo recuerdo de los españoles. Os incluyo una foto del estadio del Soccer City, a las afueras de Johannesburgo, donde España ganó el Mundial de Fútbol 2010.

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