CHICHÉN ITZÁ: El testamento maya (Steve Alten)

Como gran apasionada de la arqueología, he decidido dedicar este asiento a uno de los sitios arqueológicos más fascinantes del mundo: Chichén Itzá, situado en la península del Yucatán en México. El libro escogido para recrearlo es El testamento maya de Steve Alten.

PORTADA EL TESTAMENTO MAYA

 

TITULO: El testamento maya

AUTOR: Steve Alten

EDITORIAL: Grijalbo

ISBN: 9788493467951

Nº DE PÁGINAS: 550.

 

Los motivos que me impulsaron a leer este libro fueron fundamentalmente dos: acababa de visitar Chichén Itza y además faltaba poco más de un año para que llegase el 21 de diciembre de 2012, fecha en la que según algunos, los mayas habían profetizado el fin del mundo.

El argumento en principio es prometedor: Mick Gabriel, el hijo de un famosos arqueólogo fallecido de un infarto durante una conferencia, es víctima de una conspiración por la que se le ha encerrado durante años en un hospital psiquiátrico. Basándose en los estudios de su padre, trata de informar sobre la terrible verdad que éste descubrió: el fin del mundo se producirá el 21 de diciembre de 2012, día en el que termina el calendario maya, pero nadie le cree. Con la ayuda Dominique Vázquez, una joven estudiante de psiquiatría, Mick logra escapar para tratar de salvar a la humanidad.

Se trata de una novela de acción, en la que se intercalan leyendas mayas, teorías científicas, enigmas históricos y una historia de amor, todo envuelto en una trama de ciencia ficción, que en principio podría resultar atractiva. Sin embargo, el conjunto es decepcionante, porque mezcla demasiados ingredientes que no tienen nada que ver, como el calendario maya, Stonehenge, las pirámides de Egipto, el templo de Angkor Wat o las pirámides de Teotihuacán.

Por todo ello, creo que se trata de una lectura de verano, de esas de hamaca o sillón de siesta, y el principal motivo por el que lo he incluido en el blog es por la exhaustiva descripción del sitio arqueológico de Chichén Itza, especialmente la pirámide de Kukulkán y el cenote sagrado. Por lo menos, sirve como introducción al mundo maya y hace que se avive nuestra curiosidad por esta fascinante civilización.

CHICHÉN ITZÁ

Chichén Itzá es uno de los principales sitios arqueológicos de la Península de Yucatán. Su nombre maya significaEn la boca del pozo de los Itzáes o brujos del agua”. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988 y en 2007 fue reconocida como una de “Las nuevas siete maravillas del mundo moderno”.

Los edificios principales que perduran pertenecen al periodo posclásico de la cultura maya, con clara influencia tolteca, ya que el dios que preside el lugar es Kukulcán, representación maya del dios tolteca Quetzalcóalt.

Como el sitio arqueológico está cerca de Cancún y de la Riviera Maya, habitualmente está atestado de turistas. Afortunadamente nuestro grupo venía de Mérida, que está a menos distancia, por lo que pudimos entrar a primera hora de la mañana y unas dos horas antes de la llegada de la masa de gente. Además, eso nos permitió explorar la zona antes de que el calor y la humedad nos impidieran disfrutar de la visita, a diferencia de lo que ocurrió en las ruinas de Uxmal, en las que el calor era sofocante.

Chichén Itzá es espectacular, pero como la vi a final del viaje y ya había visitado Teotihuacán, Monte Albán, Palenque y Uxmal, ya no me impresionó tanto como me habría sucedido si la hubiera visitado en primer lugar.

Lo primero que te encuentras al acceder a la gran explanada del sitio arqueológico es la enorme Pirámide de Kukulcán, llamada “El Castillo” por los conquistadores españoles. Es una pirámide de cuatro lados que culmina en un templo rectangular. Antes se podía subir a ella, pero creo que había accidentes y caídas, por lo que terminó prohibiéndose. Es una pena porque desde la cima se divisa todo el complejo. La ventaja es que logré sacar fotos sin turistas.

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Al estar en el centro, la pirámide se divisa desde casi todas partes, y desde otros templos pude sacar fotos muy interesantes.

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El otro lado de la pirámide no está tan bien conservado y había personas trabajando para restaurarla.

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Los mayas tenían profundos conocimientos astronómicos, que aplicaron a la arquitectura del edificio, como se demuestra en el hecho de que cada lado de la pirámide tiene 91 escalones y hay uno más en el templo superior, lo que hace un total de 365 escalones, uno por día del año.

Lo más increíble de la pirámide y por lo que se habla de ella todos los años es la llamada “Bajada de Kukulcán”. Se trata de un juego de luces y sombras que se produce durante los equinocios de primavera y otoño. En la balaustrada de las escalinatas se proyecta una sombra, parecida a una serpiente, que va descendiendo poco a poco hasta que llega a unas colosales cabezas de serpientes emplumadas que hay en la base de la pirámide y que representan al dios Kukulcán. A medida que el sol se mueve, la sombra de la serpiente se desliza hacia abajo por un costado de la pirámide para fertilizar la tierra.

Cerca de la pirámide está el Gran Juego de Pelota, el más grande de Mesoamérica. En el se practicaba un deporte con connotaciones rituales, del que se desconocen las reglas de juego, pero que incluso podía terminar con sacrificios humanos. El ganador del juego era protegido y apoyado por los dioses, aunque en realidad no se sabe si se sacrificaba a los ganadores o a los perdedores. Los jugadores golpeaban la pelota con las caderas, codos y rodillas del lado derecho del cuerpo. El de Chichén Itzá mide 166 x 68 metros y tiene 12 metros de altura con aros de piedra para el juego e intrincados tallas de serpientes entrelazadas en las paredes.

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Si seguimos avanzando en la visita encontramos el  Muro de las calaverasTzompantli. Se trata de una plataforma bastante grande decorada con calaveras talladas. La superficie de la plataforma superior fue perforada con agujeros, que probablemente sostenían en estacas los cráneos de víctimas de sacrificio y guerreros vencidos.

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En las proximidades hay pequeñas construcciones muy interesantes, como la Plataforma de Venus y la Plataforma del Águila.

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Pero no todo en Chichén Itzá es ver edificios. En la gran avenida que lleva hasta el cenote sagrado hay multitud de puestos para los turistas donde se venden recuerdos de todo tipo. A mí me gustaron los puestos de cerámica y no pude evitar comprar algunos platos decorados con flores y pimientos de alegres colores. Me hacían también gracia las coloridas calaveras, pero no comparto ese gusto de los mejicanos por representar a la muerte en los objetos cotidianos e incluso en los dulces caseros, así que finalmente no me animé.

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Había también artesanos que labraban la madera con certeros golpes de machete. Todo un espectáculo verlos trabajar.

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Tras las compras, llegamos al Cenote sagrado. La palabra cenote proviene del maya “dzonot”, que quiere decir caverna con agua. Debido a su composición geológica, el suelo de la península de Yucatán es una especie de esponja, que cuando llueve, absorbe toda la humedad. El agua que se filtra a través del suelo comienza a disolverse dando paso a cavernas que pueden estar parcial o totalmente inundadas, cuando una de esas cavernas colapsa debido a la erosión se forman los cenotes. Para los mayas, los cenotes eran considerados fuentes de vida, pero además eran una entrada hacia el inframundo y centro de comunión con los dioses.

En el de Chichén Itzá se realizaban ofrendas al dios Chaac, señor de las lluvias, que consistían en objetos valiosos y la tradición dice que también sacrificios humanos. Los arqueólogos han encontrado en el fondo del cenote muchos objetos de oro, jade y obsidiana, así como esqueletos.

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Continuando la visita, el siguiente edificio importante es el Templo de los Guerreros y de las Mil Columnas. Se trata de una gran pirámide escalonada con una fila de columnas talladas al frente que representan a los ancestrales guerreros. En la parte superior de la pirámide, protegiendo la entrada del templo, se encuentra un Chaac Mool, figura recostada en la que se depositaban ofrendas. A un lado del templo está una amplia avenida llena de columnas, de ahí el nombre.

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Después de dejar atrás las columnas, se llega al Observatorio, conocido también como El Caracol. Se trata de una estructura de piedra redonda con un techo abovedado parcialmente en ruinas que originalmente tenía una forma cilíndrica. Debe su nombre a una columna interna que sube en espiral. En la parte superior de la torre se encuentran tres ventanas estrechas en la pared que dan de frente al cielo. La colocación de estas aberturas sugiere un estudio de los fenómenos astronómicos, en particular la puesta de sol del equinoccio y los extremos norte y sur con dirección a Venus, así como en dirección al sur magnético.

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Finalmente, hay una zona cuyos edificios son anteriores a la llegada de los Itzaes. Las construcciones pertenecen al estilo maya clásico y son más parecidas a lo que habíamos visto en Palenque y en Uxmal. Entre ellos destacan la Casa de las Monjas, la Casa Colorada, el Templo de los Tableros Esculpidos y la Iglesia.

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Cenote Ik Kil

Después del calor y el cansancio tras la visita de Chichén Itzá lo más recomendable es visitar este maravilloso cenote, que se encuentra a sólo tres kilómetros de las ruinas. El lugar está perfectamente acondicionado para los visitantes y hay taquillas, vestuarios, duchas y alquiler de toallas.

Es un cenote semiabierto al cielo y con una profundidad de unos 60 metros. La experiencia es excepcional, porque además de ser un sitio increíblemente bello, es extraño bañarte en una cueva, sabiendo además que debajo de tí hay unos 40 metros de profundidad. En una de las paredes hay una pequeña plataforma, que sirve a los más intrépidos de trampolín.

Tras el baño, sales como nuevo, además de haber disfrutado de este bellísimo lugar.

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Para terminar, he encontrado un video muy curioso donde un grupo de personas se tira desde la parte alta del cenote. En las imágenes se puede apreciar claramente la profundidad y la belleza del mismo.

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CIUDAD DE MÉXICO, DISTRITO FEDERAL (MÉXICO, D.F.): Los años con Laura Díaz (Carlos Fuentes)

Para la segunda entrada que dedico a México, en concreto a Ciudad de México, Distrito Federal (México, D.F.), he elegido Los años con Laura Díaz, novela escrita por el insigne escritor mexicano Carlos Fuentes, fallecido en 2012, que recibió, entre otros, el Premio Cervantes en 1987 y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1994.

 

LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ. CARLOS FUENTES

 

TITULO: Los años con Laura Díaz

AUTOR: Carlos Fuentes

EDITORIAL: Punto de Lectura

ISBN: 9788466306539

Nº DE PÁGINAS: 624

Carlos Fuentes trata de ofrecer una síntesis del último siglo de la historia de México a través de una mirada femenina, la de Laura Díaz, a la vez que describe las pasiones, el dolor, los desamores, la amistad, el amor filial y demás sentimientos de la protagonista, hasta que se encuentra a sí misma y por fin es libre.

La novela empieza como una saga familiar, con origen en Veracruz. Laura Díaz pertenece a una familia emigrada de Alemania a finales del siglo XIX. La fundadora de la saga es Cósima Kelsen, que antes de su boda con Felipe es asaltada por un bandido, “el guapo de Papantla”, que le corta los dedos de un machetazo. La anécdota se inspira, según el escritor, en lo que le ocurrió a su abuela Clotilde.

Cósima  y Felipe tienen tres hijas: Hilda, Virginia y Leticia, la madre de Laura. Esta etapa es la mejor del libro, sobre todo por el exotismo tropical, la riqueza del lenguaje y las relaciones familiares. Esta parte de la novela tiene algunas notas de realismo mágico y es donde mejor se describe la personalidad y los sentimientos de los personajes, sobre todo de la protagonista.

A partir de la boda de Laura con el sindicalista López Greene, la historia se centra en la Ciudad de México y empiezan a desfilar multitud de personajes ante los ojos de Laura: políticos, sindicalistas, famosos del momento, personajes de la alta sociedad, advenedizos, escritores, artistas, etc. Entre ellos, tienen un papel destacado en la novela los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo. Se ofrece una amplia crónica de la sociedad mexicana en una época convulsa y de cambios, pero me parece que en esta parte el personaje de Laura se diluye entre tanto personaje y hecho histórico.

Para mi gusto, la novela trata de abarcar demasiados temas. Ya es bastante ambicioso hacer una crónica de la historia mexicana de un siglo entero, pero es que además el autor integra en el libro episodios del nazismo alemán, la Guerra civil española o de la “caza de brujas” en Estados Unidos. Creo que en conjunto, el exceso de datos históricos y personajes reales resulta un poco brumador para el lector y la trama resulta un poco lenta.

Como aspecto positivo, Carlos Fuentes enfoca la historia desde una perspectiva femenina, un punto de vista diferente y postergado en un país básicamente masculino. Precisamente, uno de los aspectos de la obra que más sorprende es la capacidad del autor para ponerse en la piel de una mujer, narrar como mujer y transmitir sentimientos femeninos de una manera muy real.

 

MÉXICO, D.F.

La Ciudad de México es una inmensa metrópoli de más de 21 millones de habitantes (si se tiene en cuenta la Zona Metropolitana del Valle de México), lo que la convierte en la población más grande del continente americano y la tercera del mundo. Se asienta sobre las antiguas ciudades aztecas de Tenochtitlán y Tlatelolco, de las que poco a poco se van encontrando impresionantes restos arqueológicos.

Al empezar la visita a la ciudad lo primero que destacan son sus amplias avenidas con edificios modernos, como por ejemplo el Paseo de la Reforma o la Avenida de los Insurgentes.

A pesar de la mala fama que tiene la ciudad por los índices de peligrosidad y delincuencia, en ningún momento de mi estancia allí sentí esa inseguridad. Lo único que no me gustó es que por la noche esas amplias avenidas tienen las aceras poco iluminadas y hay poca gente por la calle, por lo que no parece muy recomendable pasear de noche. En las zonas más turísticas del centro sí que se veía a policías fuertemente armados con metralletas y grandes fusiles, cosa a la que no estamos acostumbrados en Europa.

En el Paseo de la Reforma está la emblemática Torre del Caballito, que debe su nombre a la estatua gigante que tiene delante.

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En esa misma calle está el Monumento a la Independencia, conocido como El Ángel.

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Casi en la confluencia de Reforma con Insurgentes, en la Plaza de la República está el gigantesco Monumento a la Revolución.

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A medida que nos acercamos hacia el Zócalo, los monumentos y los edificios son más clásicos. Entre ellos, destacan el Hemiciclo a Juárez, construido en honor al ex-Presidente Benito Juárez

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y el Palacio de Bellas Artes, el centro cultural más importante del país.

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Una cosa que me llamó la atención en el centro es que hay policías patrullando en patines. A un amigo mío se le ocurrió preguntar a una pareja si posarían con nosotros para una foto y lo gracioso es que lo hicieron encantados.

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Avanzando un poco más se llega a la inmensa Plaza de la Constitución, más conocida por El Zócalo, que es la plaza principal de la ciudad y el corazón del centro histórico. En la plaza se ubican: la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y el Edificio de Gobierno.

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Los días que estuve había acampadas de protesta contra el Gobierno y las tiendas de campaña en muchas ocasiones tapaban y afeaban la visión de la plaza. Como curiosidad, las fachadas de los edificios se estaban engalanando con los colores de la bandera mexicana para la celebración de la fiesta nacional.

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Dentro del Palacio Nacional, lo más destacado son los murales de Diego Rivera, al que se le encargó que narrase la epopeya del pueblo mexicano a través de la pintura. En 1929, fecha en que inició el trabajo, la mayor parte de la población era analfabeta, por lo que el muralismo se convirtió en una herramienta didáctica además de decorativa.

En los distintos murales se plasman los momentos culminantes de la historia de México, los ideales políticos de Diego Rivera y finalmente hay una zona reservada para distintas escenas de la vida cotidiana prehispánica en diferentes tiempos de las culturas mesoamericanas.

Si se quiere tener un primer acercamiento al pueblo mexicano, esta visita es imprescindible.

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Cerca de la esquina de la Catedral y el Palacio Presidencial se encuentra el Templo Mayor de Tenochtitlán, que fue descubierto por casualidad por un grupo de trabajadores de la Compañía de la Luz en 1978 mientras colocaban el cableado subterráneo. El templo se creía perdido desde tiempos de la colonia, ya que Hernán Cortés ordenó utilizar sus materiales para construir una nueva ciudad y terminar con los cultos ajenos a la religión católica.

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De la visita a la Catedral Metropolitana, lo que más recuerdo fue la impresión que me produjo saber que el enorme edificio se está hundiendo, ya que está erigida sobre un suelo cenagoso y partes de terreno rellenado (no hay que olvidar que Tenochtitlan estaba construida sobre una inmensa laguna). Se ha hecho un gran trabajo de ingeniería para nivelarla, pero la pesada estructura tiene tendencia al hundimiento desigual. En la nave central hay un inmenso péndulo para registrar este hundimiento.

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Para tener una vista impresionante de la ciudad, lo mejor es subir al mirador de la Torre Latinaomericana, de 44 pisos, ubicada cerca del Zócalo. A diferencia de otros miradores en otras ciudades, es la primera vez en la que no he podido ver los límites de la ciudad, debido a su enorme extensión.

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Otra visita imprescindible en la ciudad es el Museo Nacional de Antropología de México, ubicado en el inmenso Bosque de Chapultepec. Lamentablemente no tuve tiempo de visitarlo, lo que es motivo suficiente para querer volver a México, ya que es uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo y cada año recibe más de dos millones de visitantes.

Una vez visitado el centro de la ciudad, nos dirigimos hacia el norte, pasando por la Plaza de las Tres Culturas, llamada así porque en ella se reflejan tres importantes etapas de la historia de México: la prehispánica (ruinas de la antigua ciudad de Tlatelolco), la colonial y la contemporánea.

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No se puede comprender bien al pueblo mexicano sin visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe, que es objeto de gran fervor por parte del pueblo mexicano. Por todo el país se pueden encontrar imágenes de la “Guadalupana” en bares, tiendas, edificios públicos, viviendas, coches, …

Cuando se llega al lugar que alberga el ayate de Juan Diego (la tela del indio donde apareció impresa la imagen de la Virgen), lo primero que vemos es una enorme explanada donde hay varias iglesias que sucesivamente han estado consagradas al culto de la imagen de la Virgen, pero que resultaron pequeñas por la cantidad ingente de peregrinos que acuden a visitarla.

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La Iglesia actual es muy moderna y de planta casi redonda.

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Desde casi todos los puntos de la inmensa nave se puede ver la imagen de la Virgen. En la foto no se aprecia (y tampoco cuando estás en el interior de la iglesia), pero entre el altar y la imagen hay un foso, que permite a los peregrinos y turistas ver la imagen de cerca.

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Para evitar aglomeraciones de la gente que se acerca a ver la imagen, en el foso hay una cinta transportadora como la de los aeropuertos, de tal manera que tienes que hacer las fotos o ver a la Virgen en movimiento. Esta foto está tomada desde la cinta.

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En el sureste de la ciudad, una visita preciosa por su originalidad y colorido es Xochimilco, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que constituye uno de los principales destinos turísticos del Distrito Federal.

Se trata de una inmensa laguna, resto de los lagos aztecas, donde se ha conservado el sistema de las chinanpas, que son balsas hechas con troncos y varas, en ocasiones de considerables dimensiones, sobre la que se deposita tierra vegetal como pasto, hojarasca, cáscaras de diferentes frutas y vegetales, etc. para luego poder cultivar sobre ellas. Era el antiguo método de agricultura de los aztecas, que sirvió para cultivar flores y verduras y ampliar el territorio en la superficie de lagos y lagunas del Valle de México, haciendo a México-Tenochtitlan una ciudad flotante.

Aunque es la típica visita para turistas, la verdad es que resulta muy agradable y divertida. Los canales entre las chinanpas se recorren en unas coloridas barcas llamadas trajineras y bautizadas con nombres de mujer: Lupita, Claudia, Margarita, …

A lo largo del recorrido se te acercan otras trajineras desde la que se vende de todo: cervezas, comida, flores, muñecas, manteles, ropa, … También se acercan mariachis y por un módico precio por canción, se suben a tu trajinera y te cantan “México lindo y querido” o cualquier otra canción que les pidas mientras todos los turistas lo corean. El ambiente es relajado y festivo.

Esa es la parte más turística, pero lo más interesante es conocer cómo vive la gente en la laguna, probablemente con muchas costumbres parecidas a las de los antiguos aztecas.

Como colofón a la visita, en el mismo Xochimilco se puede contratar a los hombres voladores, que por un precio irrisorio por actuación se suben a un altísimo mástil con unas cuerdas enrolladas en las piernas y se lanzan al vacío girando y desenrollando la cuerda hasta que bajan al suelo. Es impresionante.

 

Finalmente, hay muchos otros lugares de interés en esta ciudad, por ejemplo, el Campus de la Universidad Nacional de México, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad,

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o la pintoresca Delegación de Coyoacan, con preciosas casas de colores, donde se encuentra el Museo de Frida Khalo.

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En conjunto, creo que por sus atractivos turísticos, su gastronomía y sus habitantes amables, alegres y acogedores, vale la pena visitar la Ciudad de México.

 

GASTRONOMÍA Y MERCADOS MEXICANOS: Como agua para chocolate (Laura Esquivel)

Esta vez saltamos de continente y nos vamos a México, un país que me fascinó por su gente acogedora, paisajes increíbles, selvas exuberantes, playas de arena blanca y agua azul casi transparente, ruinas imponentes, ciudades coloniales, ritos y tradiciones ancestrales, mercadillos coloristas y un largo etcétera de atractivos.

He leído muchos libros sobre México y prometo dedicar más entradas a este país, pero voy a empezar con una novela que me gustó especialmente: Como agua para chocolate de Laura Esquivel.

 

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TITULO: Como agua para chocolate.

AUTORA: Laura Esquivel

EDITORIAL: De Bolsillo

ISBN: 9788497592314

Leí esta novela hace exactamente veinte años y he vuelto a leerla esta semana. En las dos ocasiones me ha parecido una novela deliciosa y lo digo en el sentido literal de la palabra, ya que no sólo se trata de una historia inolvidable, sino que además se entremezcla con recetas de cocina mejicana. En su día compré una edición especial ilustrada que editó Grijalbo y he tenido la suerte de disfrutar de su precioso diseño y fotografías y de la incorporación de las recetas de la obra en cada capitulo a modo de libro de cocina.

La historia se desarrolla en un rancho cerca del pueblo de Piedras Negras, al norte de México en la frontera con EE.UU. El rancho lo gobierna una viuda, Mama Elena, que tiene tres hijas. Es una mujer cruel e implacable que ejerce un poder férreo sobre todo el que le rodea, pero especialmente sobre su hija menor, Tita, que debe seguir una tradición familiar según la cual la hija menor no puede casarse, porque tiene que cuidar a su madre hasta que muera.

Tita y el joven Pedro se aman, pero no pueden casarse por imposición de Mama Elena. Con tal de vivir cerca de Tita, Pedro acepta casarse con su hermana Rosaura. Este es sólo el comienzo de la historia, pero fácilmente se pueden adivinar las complicaciones que surgen con la pasión entre Tita y Pedro, los celos de Rosaura y la vigilancia de la madre.

Toda la vida de Tita gira en torno a la cocina y a las recetas que elabora. La novela tiene doce capítulos y cada uno está dedicado a un mes del año y una receta especial. Es una historia de amores y desencuentros donde los sentimientos van vinculados a los alimentos y a su elaboración.  Tita tiene el don de influir en los sentimientos y emociones de los que prueban sus recetas. El disfrute de la comida se vincula al deseo y el goce carnal. En la narración se mezclan continuamente las pasiones con el lenguaje culinario. Por ejemplo, cuando Tita conoce y se enamora de Pedro: “Giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Pedro. En ese momento comprendió perfectamente lo que debe sentir la masa de un buñuelo al entrar en contacto con el aceite hirviendo”

Además de una gran riqueza de vocabulario, la novela se enmarca en el realismo mágico, ya que el mundo ordinario se entremezcla con el sobrenatural y con sucesos inexplicables, como por ejemplo la aparición de fantasmas, en unas ocasiones protectores, pero en otras, amenazantes.

De esta novela se hizo posteriormente una excelente adaptación cinematográfica. He escogido una escena que es muy representativa de toda la historia. Es el momento en el que Tita elabora codornices en pétalos de rosa, con unas flores que le ha regalado Pedro y que su madre le ha ordenado tirar a la basura.

 

GASTRONOMÍA Y MERCADOS MEXICANOS

Como ya he dicho antes, dedicaré futuras entradas a México, pero en esta ocasión, y para enlazar con el libro, voy a hablar sólo de su gastronomía y sus mercados, ya que cuando visitas este país te das cuenta de sólo conocemos una ínfima parte de la cocina mexicana, en la que se fusionó toda la cultura y productos precolombinos con la gastronomía y los productos traídos por los conquistadores españoles.

Aparte de la gran variedad de fajitas, burritos, tacos, enchiladas y otros “platillos”, quiero destacar especialmente los moles (o salsas). Uno de los más deliciosos es el mole poblano, que debe su nombre a la ciudad de Puebla y que se elabora con chocolate entre una gran cantidad de ingredientes. Sirve para acompañar guisos de carne. Yo lo probé con pollo y es delicioso. Otro mole exquisito es el almendrado. Tampoco me puedo olvidar del guacamole, que todos conocemos, aunque se sirve con los ingredientes menos machacados que en España.

Los mejicanos son muy golosos por lo que abundan los dulces y las pastelerías. Donde vi más variedad de dulces fue en la ciudad de Puebla. Allí venden hasta unas divertidas calaveras de azuzar (en la presentación puedes ver alguna foto de los dulces poblanos, incluidas las calaveras).

En Oaxaca pude visitar dos mercados donde la gente se abastece de todo tipo de alimentos, incluidos los “chapulines”, que son una variedad de saltamontes de color rojo, ya que los mexicanos comen todo tipo de insectos. Después de verlos apilados en grandes montones en el mercado, los pedimos por la noche. Los sirven con tortitas de maíz y acompañados de queso y guacamole. Yo fui incapaz de probarlos, pero mis amigos comentaron que tienen un fuerte sabor a las especias con las que están condimentados.

De todos los mercados que visité quiero destacar el de San Cristobal de las Casas, en la región de Chiapas. Las mujeres indígenas, con largas trenzas negras y vestidas con faldas de pelo largo negro y camisas de tela brillante, colocan con gran mimo su género haciendo montículos, normalmente sobre multicolores cubos de plástico. Es un espectáculo ver cada puesto, donde se alinean perfectamente los montoncitos de patatas, chiles, tomates, calabacines y resto del género. Se venden también hormigas tostadas, especias de todo tipo, legumbres, velas e imágenes de santos, así como productos para hacer hechizos.

Finalmente, no puedo terminar sin mencionar el tequila y el mezcal, que se extraen de distintas variedades de cactus. Además de tomar el tequila con la sal y mordiendo la lima, en todas partes te sirven excelentes “margaritas” (coctel elaborado con tequila, cointreau, zumo de lima y azúcar). Las copas las sirven con el borde mojado en limón y sal.

En la elaboración del mezcal utilizan además gusanos y las copas las adornan con “sal de gusano”.