EL MONCAYO: Cartas desde mi celda (Gustavo Adolfo Bécquer)

En esta ocasión regreso a España y para ello he escogido un libro ambientado en los parajes de la Sierra del Moncayo, que visité el otoño pasado. Se trata de las Cartas desde mi celda de Gustavo Adolfo Bécquer.

 

PORTADA CARTAS DESDE MI CELDA

 

TÍTULO: Cartas desde mi celda

AUTOR: Gustavo Adolfo Bécquer

EDITORIAL: Cátedra

ISBN: 9788437619965

NÚMERO DE PÁGINAS: 296

El libro está compuesto por un conjunto de nueve cartas que Bécquer escribió durante su estancia en el Monasterio de Veruela, donde se refugió para reponerse de la tuberculosis que le afectaba, y que se publicaron individualmente en el periódico madrileño El Contemporáneo a lo largo de 1864. Es una obra maestra del periodismo español del siglo XIX.

A pesar de esta dramática enfermedad, incurable en aquel momento, el tono de estos escritos desborda vitalidad. Las descripciones de la naturaleza y del paisaje son excelentes. La temática de las cartas es muy variada y son muy entretenidas e interesantes, a pesar de que han transcurrido 150 años desde que se escribieron.

En la primera carta describe su viaje desde Madrid hasta el Monasterio de Veruela, pasando por Tudela y Tarazona. Al leerla te das cuenta lo que han evolucionado las comunicaciones desde el año 1864 y lo difícil que era viajar en aquella época, ya que Bécquer tiene que emplear en el traslado varios días y diversos medios de transporte (ferrocarril, carruaje y mulas). Destila bastante sentido del humor con las descripciones de las personas que va encontrando en el viaje.

La segunda es más nostálgica. Bécquer lleva una vida solitaria en el Monasterio y añora el ajetreo de su vida en Madrid, sobre todo, las sesiones del Congreso de los Diputados, a las que asiste como periodista, las tertulias en los cafés, las funciones en los teatros, el bullicio de las calles. Su único nexo con ese mundo es el periódico, cuya entrega espera con impaciencia todos los días saliendo al camino que conduce al Monasterio.

En la tercera, con motivo de su visita a un pequeño cementerio, reflexiona sobre la vida y la muerte. La cuarta y la quinta describen las tradiciones y algunos aspectos de Tarazona y de las mujeres de Añón, un pueblo de la comarca.

La sexta, séptima y octava son muy interesantes, porque se centra en el tema de la brujería. Narra el asesinato de una famosa bruja de la zona y cuenta la leyenda del origen mágico del Castillo de Trasmoz. Además, explica el origen de la brujería en Trasmoz, con una historia parecida al cuento de la Cenicienta, pero sentido negativo, ya que el hada en este caso es una bruja.

Finalmente la novena explica los orígenes del Monasterio de Veruela y describe el estado de abandono en el que se encuentra el edificio en la época en que él reside (treinta años después de la Desamortización).

En conjunto, la lectura de las cartas es muy recomendable y resulta imprescindible si se quiere conocer bien esa región del Moncayo.

 

SIERRA DEL MONCAYO

Como he dicho antes, estuve con mis amigos en la Sierra del Moncayo el pasado mes de noviembre. Nos alojamos en una casa rural en el pueblo de San Martín de la Virgen del Moncayo, que estaba cerca de todos los lugares que queríamos visitar.

El primer día lo dedicamos a subir al pico del Moncayo o San Miguel, que con sus 2.315 metros sobre el nivel del mar es la máxima cumbre del Sistema Ibérico. Está situada entre las provincias de Zaragoza y Soria. Esta foto donde se ve la cumbre tan despejada la tomamos el día del regreso, porque el día de la subida estaba completamente cubierta de nubes y soplaba un fuerte viento que, por lo que cuenta Bécquer en sus cartas, debe ser lo normal en la zona.

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En la vertiente aragonesa de la montaña se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Moncayo, a 1.621 metros de altitud. Una vez pasado el Santuario, el sendero toma el viejo camino a la cima atravesando un espeso bosque.

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 Como era otoño, pudimos ver gran cantidad de setas, algunas de ellas enormes.

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También pudimos disfrutar de algunas vistas del valle, en los tramos más abiertos.

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Luego se sale del bosque y se atraviesa una zona más abierta hasta alcanzar el pie del circo glaciar de San Miguel.

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A partir de ese punto, la ruta transcurre por terreno pedregoso y empinado remontando la ladera del circo. Sin embargo, ese día había ventisca y al llegar a la zona despejada nos cruzamos con mucha gente que volvía de la zona más alta sin haber alcanzado la cima debido al mal estado del tiempo, así que nos sirvió al grupo de excusa perfecta para dar la vuelta e iniciar el descenso. Digo lo de la excusa porque si hubiera hecho buen tiempo no creo que hubiésemos sido capaces de llegar a la cumbre, ya que no estamos en absoluto preparados para subir una montaña, y menos una tan imponente.

Ya de vuelta en el Santuario de Nuestra señora de Moncayo, tomamos un camino llano que conduce a una pequeña ermita y una bonita fuente de piedra, llamada la Fuente de los Frailes.

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Considerando que ya habíamos hecho bastante ejercicio y además hacía mucho frío, comimos en el restaurante que hay junto al Santuario y pudimos disfrutar de la excelente gastronomía de la zona, donde predominan los guisos con caza, alubias, setas y conejo.

MONASTERIO DE VERUELA

El día segundo lo dedicamos a visitar el Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Veruela (siglos XII a XVII), donde se alojaron Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano, el pintor Valeriano Bécquer. Fue fundado en 1145 y perteneció a la orden cisterciense, que lo habitó hasta la Desamortización (1835).

Después de cruzar una puerta en la barbacana se entra por la torre del homenaje y las murallas. Todo el monasterio se encuentra amurallado.

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Pasada la torre hay un paseo con plataneros desde donde se ve la portada de la iglesia abacial.

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Si se mira hacia atrás, se contempla la otra fachada de la torre del homenaje.

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El monasterio reúne diversos estilos artísticos, que van desde el románico, en la portada de la iglesia abacial, pasando por el gótico del interior del templo o del claustro, el renacimiento, en el segundo piso del claustro, y el barroco en la portada de la sacristía y del monasterio nuevo.

Además, alberga una exposición muy interesante sobre la estancia de los hermanos Bécquer en el monasterio, donde hay ilustraciones de la época, fragmentos de la obra literaria de Gustavo Adolfo y de la pictórica de Valeriano.

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El interior del monasterio es magnífico y, a diferencia de lo que describía Bécquer en su obra, está perfectamente conservado e iluminado.

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Pero lo mejor del monasterio es el precioso claustro mayor, que es un auténtico remanso de paz y quietud. De todos modos, comprendo a Bécquer, que decía que durante la noche se imaginaba que las imágenes y las gárgolas cobraban vida y que los caballeros allí enterrados se levantaban. No me gustaría pasar la noche en un monasterio como éste.

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Finalmente, dentro de los muros del monasterio también se puede visitar el moderno e interesante Museo del Vino de la denominación de origen Campo de Borja, donde hay bonitos audiovisuales y se pueden experimentar diferentes experiencias sensoriales relacionadas con el vino.

Adjunto un enlace que permite hacer una visita virtual del monasterio con fotos en 360 grados y un video de Youtube sobre el monasterio.

 

VISITA VIRTUAL DEL MONASTERIO DE VERUELA EN 360 GRADOS

 

TARAZONA

Tras la visita al Monasterio de Veruela,  fuimos a comer a Tarazona, la capital de la comarca. Tuvimos la suerte de entrar al azar en el restaurante Saboya 21, donde disfrutamos de una excelente comida, un local de diseño y un servicio inmejorable.

Después de comer hicimos la visita a esta bonita e interesante ciudad que combina varios estilos arquitectónicos. La mayoría de las fotos son de noche, porque en noviembre los días son muy cortos. Además, como era domingo por la tarde, los edificios estaban cerrados.

Lo primero que vimos fue la impresionante Catedral de Santa María de la Huerta, de estilo gótico, aunque también tiene elementos mudéjares, renacentistas y barrocos.

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A continuación, fuimos a la Plaza de Toros Vieja, que presenta la peculiaridad de que la conforman una serie de viviendas dispuestas alrededor de una plaza octogonal que sirvió como coso taurino. Resulta bastante raro ver ventanas con persianas, tiestos y ropa tendida en una plaza de toros.

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 Desde allí fuimos a la zona junto al río Queiles, desde donde se divisa el Palacio Episcopal.

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Después de callejear por calles pintorescas y empinadas, llegamos a un mirador desde donde se divisan excelentes vistas de la ciudad.
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Luego atravesamos la Judería, que además tiene un conjunto de casas colgadas, pero que no pudimos fotografiar por la escasa iluminación y finalmente, acabamos en la Plaza del Ayuntamiento, cuya fachada está llena de figuras alegóricas, gigantes y escudos, pero en la que destaca sobre todo el friso con la cabalgata triunfal de Carlos V, tras su coronación como emperador en Bolonia.

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CASTILLO DE TRASMOZ

El día de regreso pasamos por el Castillo de Trasmoz, del que habla repetidamente Bécquer en las Cartas. La imaginación popular lo convirtió en un lugar de brujas y aquelarres, tal vez porque en algunas ocasiones se falsificó moneda en el mismo y por ello se pretendía mantener alejados a los curiosos. Actualmente alberga en su interior un Museo de la Brujería.

Creo que la siguiente foto es la más apropiada para terminar este asiento. En ella se ve el pueblo de Trasmoz, con el castillo dominando las casas y a la derecha al fondo, imponente, el Moncayo.

TRASMOZ Y MONCAYO

Finalmente incluyo un video recopilatorio de toda la Comarca de Tarazona y el Moncayo.

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CANTABRIA: La saga de los longevos. La vieja familia (Eva García Sáenz)

Tenía muchas ganas de dedicar un asiento a Cantabria, una región de la que guardo muy buenos recuerdos de mi juventud y a la que he vuelto en varias ocasiones con posterioridad. Además, este verano he tenido la oportunidad de disfrutar de la hospitalidad de unos excelentes amigos y volver a visitar lugares que tantos recuerdos agradables me traen a la memoria. Sin embargo, no tenía claro qué libro escoger y había decidido recurrir a alguna novela costumbrista de D. José María de Pereda como Sotileza o Peñas arriba. Por casualidad, gracias a una programa de radio, descubrí esta entretenida novela ambientada en Santander en el año 2012: La saga de los longevos. La vieja familia de Eva García Sáenz.

 

PORTADA LA SAGA DE LOS LONGEVOS. LA VIEJA FAMILIA

 

TÍTULO: La saga de los longevos. La vieja familia.

AUTORA: Eva García Sáenz

EDITORIAL: La esfera de los libros

ISBN: 9788499707501

Nº DE PÁGINAS: 592

Es difícil encuadrar este libro en algún género, ya que es una mezcla de literatura fantástica, novela histórica, thriller de acción, novela científica e historia de amor.

La protagonista de la historia, Adriana Alameda, es una preparada arqueóloga que decide volver a trabajar en su tierra natal, Santander, en el Museo de Arqueología de Cantabria. Allí se encuentra con los hermanos del Castillo, que dirigen y administran el Museo. Lo que ignora Adriana es que se trata de una familia de “longevos”, hombres que nacieron hace miles de años y que por alguna extraña mutación genética no envejecen, aunque no son inmortales, ya que pueden perecer por accidente o por muerte violenta.

El patriarca de todos ellos, Héctor del Castillo (Lür), tiene 28.000 años y nació en Cantabria en el Paleolítico. Tiene tres hijos: Iago del Castillo (Urko), de 10.300 años, que también es cántabro, su hermano Jairo del Castillo (Nagorno) es un escita de 3.000 años y Kyra (Lyra) es una celta de 2.500 años. Por una razón evidente, ocultan su verdadera naturaleza y cada pocos años se ven obligados a cambiar de identidad.

Adriana es una mujer realista, independiente y fuerte. Al volver a Santander se enfrenta a su pasado y al misterioso suicidio de su madre. Sus puntos de vista pragmáticos y científicos chocarán con los de Iago del Castillo, al que le gustaría que tuviese una visión más abierta de la Prehistoria. Los problemas surgen a medida que Adriana va descubriendo secretos de sus jefes a la vez que se siente cada vez más atraída por Iago.

Me ha gustado mucho que la novela esté ambientada en Santander y que continuamente describa lugares conocidos: uno de los protagonistas vive en el Paseo de Pereda y otro tiene un chalet en Somo, van a comprar al Mercado de la Esperanza, juegan al golf en Pedreña, visitan la Cueva del Castillo, desayunan sobaos pasiegos y cuando toman pinchos suelen tomar las deliciosas rabas cántabras. Una de las escenas clave del libro se desarrolla en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, una antigua explotación minera a cielo abierto, con un increíble paisaje kárstico, que acoge a especies de animales de los cinco continentes en régimen de semilibertad.

Así contada, parece una mezcla de Crepúsculo y Los Inmortales, pero la verdad es que la novela es muy entretenida y la acción es trepidante. Además, te lleva a plantearte muchos temas:

  • ¿Puede un hombre respetar las normas impuestas cuando sabe que con solo esperar un tiempo prudencial saldrá impune de sus actos?
  • Ser casi inmortal, ¿es un privilegio o implica estar condenado a ocultar la verdadera identidad, perder continuamente a familiares y amigos y llevar una vida errante?
  • ¿Es posible que los demás humanos (los efímeros) acepten a un longevo o en los tiempos actuales lo recluirían y someterían a todo tipo de experimentos para descubrir su secreto?
  • ¿Se puede amar a otra persona cuando se sabe que en un plazo breve de tiempo va a morir o es mejor vivir sin lazos afectivos?
  • ¿Se conoce la forma de vivir de los hombres prehistóricos o sólo intuimos unas pocas facetas en base a las deducciones de los arqueólogos? ¿son esas deducciones correctas?
  • ¿Conocemos realmente la verdad de muchos episodios históricos o sólo conocemos lo que han querido contarnos las crónicas históricas?

 

CANTABRIA

Es difícil decidir por dónde empezar para describir Cantabria. Su capital, Santander, es una preciosa ciudad orientada el mar, con unas playas fantásticas y una increíble bahía. Es muy agradable recorrer el Paseo de Pereda, la calle Castelar y la Avenida de la Reina Victoria hasta llegar a las playas del Sardinero, pasando por los Jardines de Piquío e incluso acabar en el Faro de Cabo Mayor, pero todavía se disfruta de mejores vistas si se recorre la bahía en barco, especialmente en velero.

En medio del Paseo de Pereda destaca el emblemático edificio del Banco de Santander.

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 Ya en la cuesta de Castelar está el Palacio de Festivales de Cantabria, un moderno edificio de dudoso gusto.

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Todavía dentro de la bahía, se llega una zona con majestuosos edificios entre los que destacan el Hotel Real y, un poco más abajo, el edificio de la Fundación Botín.

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Para salir de la bahía se pasa entre la península de La Magdalena y la Isla de la Torre.

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a una vez fuera de la bahía hay una vista completa del Palacio de la Magdalena, donde se celebran los famosos cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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Otra visita muy recomendable es ir al Faro de Cabo Mayor y dar un paseo por los alrededores para disfrutar de las vistas del mar abierto.

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En todas las ciudades me gusta visitar los mercados, porque reflejan muy bien las costumbres de sus habitantes. En el caso de Santander, es toda una experiencia visitar el Mercado de la Esperanza, junto a la Plaza del Ayuntamiento. Imprescindible pasear por los puestos de pescado y marisco, donde se expone un género fresquísimo y a unos precios bastante asequibles, sobre todo teniendo en cuenta la excelente calidad.

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La gastronomía cántabra necesitaría un asiento propio. A mi lo que más me gusta son los bocartes fritos (boquerones abiertos, sin espinas, rebozados y fritos) y las almejas de Pedreña, pero hay multitud de platos deliciosos, entre ellos el cocido montañés. De postre se puede tomar la quesada o los hojaldres de Torrelavega. No me quiero olvidar de otros productos emblemáticos de la tierra como los sobaos pasiegos y el queso de Cabrales.

Si dejamos la ciudad, lo primero que llama la atención en Cantabria es que se combina el paisaje montañés con el marino en una simbiosis perfecta. Es fácil ir por carreteras comarcales y observar un verde prado con vacas pastando y al fondo el mar.

VACA PASTANDO EN CANTABRIA

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El ambiente rural es muy auténtico y en cualquier pueblo se pueden encontrar lugares pintorescos.

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Otra constante del paisaje cántabro es que en todas las casas abundan los macizos de hortensias, mi flor preferida.

HORTENSIAS. CANTABRIA.

HORTENSIAS. CANTABRIA

En Cantabria hay multitud de localidades bonitas para visitar. Para no alargarme, sólo voy a mencionar algunas de las que he visitado en esta última ocasión, empezando por Comillas, que aloja la famosa Universidad y que tiene un curioso edificio diseñado por Gaudí, conocido como El capricho.

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Otra localidad interesante es San Vicente de la Barquera, que además está junto al Parque Natural de Oyambre, de gran valor paisajístico y ecológico.

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Finalmente, una de mis localidades preferidas, Santillana del Mar. Lo ideal es visitarla en un día lluvioso o entre semana, porque los fines de semana se abarrota de turistas, pero vale la pena. La primera vez que la visité llovía a mares y había mujeres asomadas a sus ventanas vendiendo leche y bizcocho. A mí me dejó un recuerdo imborrable.

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El broche final sería lograr visitar la Cueva de Altamira que está muy cerca de Santillana, pero dado el aforo tan escaso permitido actualmente y las largas listas de espera supongo que es un anhelo casi inalcanzable, aunque también es un motivo que, por sí solo, hace que valga la pena volver a Cantabria.

 

NAVARRA: El guardián invisible (Dolores Redondo)

En esta ocasión cambio completamente de género y lo dedico a uno que siempre me ha gustado especialmente: la novela negra y policíaca. En lugar de escoger una novela sueca de las que están tan de moda, me quedo en España con El guardián invisible de Dolores Redondo, cuya historia está ambientada en Navarra, región que me impactó por su belleza y su magia.

 

NAVARRA. EL GUARDIÁN INVISIBLE. DOLORES REDONDO

 

TITULO: El guardián invisible

AUTORA: Dolores Redondo

EDITORIAL: Destino

FECHA DE PUBLICACIÓN: 15 de enero de 2013

ISBN: 9788423341986

Nº DE PÁGINAS: 440

Esta novela forma parte de la Trilogía del Baztán, de la cual sólo se han publicado los dos primeros volúmenes: El guardián invisible y Legado en los huesos. La tercera entrega se titulará Ofrenda a la tormenta.

La protagonista, Amaia Salazar, es una inspectora de homicidios de la policía foral que ha estudiado en Quantico con el FBI. Vive con su marido, un escultor americano, en Pamplona, pero le encargan la resolución de un difícil caso de asesinatos en Elizondo, su pueblo natal, enclavado en el Valle del Baztán. El retorno a Elizondo obliga a la protagonista no sólo a enfrentarse al caso más importante de su vida, sino también a sus miedos del pasado y a la causa que la impulsó a irse lejos y convertirse en policía.

La investigación de los crímenes se mezcla con el análisis psicológico de la inspectora y con las tradiciones y la mitología vasco-navarra. Aunque en algunos momentos roza lo fantasioso, la magia del paisaje y el lugar hacen que la historia resulte creíble. Lo que más me gustó es leer una novela de este tipo ambientada en unos lugares y un paisaje conocidos y cercanos.

Como crítica se podría decir que hay mucha preponderancia de los personajes femeninos, que son fuertes y complejos, mientras que los hombres que aparecen en la historia quedan un poco difuminados y sin personalidad propia. Además, el  final es un poco precipitado, pero en conjunto la historia te atrapa desde el principio y te quedas con ganas de leer la continuación.

Los productores de la saga Millennium compraron los derechos de esta novela para hacer una película. Espero que sepan reflejar su ambiente y la atmósfera un poco opresiva.

He seleccionado un vídeo donde Dolores Redondo describe algunos de los lugares de Elizondo que le sirvieron de inspiración para escribir su historia.

 

NAVARRA

Estuve con mis amigos en Navarra aprovechando un puente de Todos los Santos y creo que es una época excelente para ir, porque el paisaje de otoño estaba en todo su esplendor, aunque probablemente cualquier época es buena para conocer esta tierra tan bella.

Nos alojamos en un hostal rural en Lekunberri,  localidad que se encuentra junto a la Autovía de Leizarán, y a medio camino entre Pamplona (Iruña)San Sebastían (Donostia). Esta localización tan privilegiada nos permitió hacer bastantes excursiones, tanto hacia el norte como hacia el sur. 

El primer día fuimos a Pamplona y, como suele suceder cuando se viaja en grupo (éramos ocho), la mayor parte del tiempo lo dedicamos a comer, charlar y ver el ambiente más que a visitar monumentos, lo cual no quiere decir que no me guste también esta forma de conocer los sitios.

Lo primero que nos impresionó fue lo estrechas y resbaladizas que son las calles por las que discurren los encierros de las fiestas de San Fermín, ya que estamos acostumbrados a verlas en la televisión abarrotadas de gente y te imaginas que son más amplias. Lo mismo ocurre con la Plaza del Ayuntamiento, desde donde se retransmite el tradicional chupinazo, ya que es mucho más pequeña de lo que te esperas.

Es una ciudad muy animada y nos dedicamos a visitar los bares que habían ganado el último concurso de pinchos y a degustar algunas de sus especialidades, auténticas joyas en miniatura de la gastronomía.

Por la tarde, después de visitar la ciudad, merendamos en el Café Iruña, en la Plaza del Castillo, tradicional lugar de encuentro de los pamploneses y mundialmente conocido gracias a Ernest Hemingway. Casi todo el mundo merendaba unos descomunales picatostes, que mojaban en tazas de humeante chocolate caliente, muy apropiado para el frío que se nos había metido en el cuerpo.

Gracias a las buenas carreteras, esa noche cenamos en San Sebastián, una de mis ciudades preferidas y a la que dedicaré en el futuro una entrada.

El segundo día visitamos el Parque Natural del Señorío de Bertiz, que originariamente era una finca privada y ahora es el principal parque natural de Navarra. Hay una casa señorial con un precioso jardín con fuentes, estanques, pérgolas y cenadores con influencias románicas y modernistas. Pero lo más bonito es el espeso bosque que lo rodea, en el que predominan sobre todo las hayas. Tuvimos suerte con el tiempo ya que no llovió, ni había niebla, por lo que pudimos disfrutar de un largo paseo por el bosque y contemplar el espectacular colorido del otoño.

El señorío está muy cerca de Elizondo, así que cuando leí la novela me gustaron especialmente las descripciones del bosque y supongo que es un paisaje que en la mayoría de los días de invierno se presta a creer en leyendas y cuentos de brujas. No hay que olvidar que cerca de allí están las Cuevas de Zugarramurdi, el famoso pueblo donde, tras un proceso inquisitorial, se quemó en la hoguera a 11 personas acusadas de practicar la brujería.

Terminada la visita de Bertiz fuimos al Mirador del Baztán o Mirador de Ziga, desde donde se ven los pueblos de Irurita, Lekaroz, Gartzain, Elizondo y Elbete. Pero más que los pueblos en sí, destaca el paisaje natural, con sus numerosos caseríos y bordas de ganado dispersas por las laderas y los montes, espacio de cultivos y prados, así como bosques de hayas, robles, helechales y avellanos. En las orillas de los ríos, los chopos, alisos, sauces y fresnos son perfectamente visibles desde el mirador.

A continuación pasamos por la comarca de las Cinco Villas, formada por cinco municipios: Aranaz, Yanci, Lesaca, Echalar y Vera de Bidasoa. El río Bidasoa cruza este territorio de sur al norte, formando un valle. Las cinco localidades se asientan a ambos lados del río y su paisaje, de un intenso color verde, se encuentra salpicado de caseríos entre los prados, helechales y bosques de pinos, robles, hayas y castaños. Nos detuvimos en Echalar, pueblo conocido porque mantiene viva la tradición centenaria de caza de palomas mediante redes.

Finalmente, aprovechando otra vez las buenas comunicaciones, decidimos cruzar la frontera con Francia y visitar San Juan de Luz y, ya de vuelta en España, cenamos en Fuenterrabía (Hondarribia).

El tercer día visitamos la Selva de Irati, uno de los mayores bosques de haya y abeto de toda Europa. El lugar requiere tiempo para pasear con calma y disfrutarlo, por lo que lo más recomendable es llevar bocadillos y comer allí, si el tiempo lo permite. Os adjunto un link a la galería de fotos del lugar, porque cualquier descripción que haga se quedaría corta.

FOTOS DE LA SELVA DE IRATI

Al tratar de salir de la  Selva de Irati nos equivocamos de camino. Después de una hora, el paisaje era cada vez más árido y agreste y la carretera mala y sin ningún tipo de señalización. Nos empezamos a preocupar cuando comprobamos que no teníamos cobertura en los móviles y que a uno de los coches le quedaba poca gasolina. Además, los escasos coches con los que nos cruzábamos tenían matrícula francesa. No sé cuanto tiempo andamos perdidos, pero cuando quisimos rectificar casi habíamos llegado a Saint Jean Pied de Port, es decir, que nos encontrábamos en la cara norte de los Pirineos y alejados de la frontera. Tras dos horas angustiosas llegamos a Valcarlos y recuerdo que al ver la bandera española del puesto fronterizo era tal nuestro alivio que nos pusimos a cantar el “Viva España” de Manolo Escobar.

Ya de vuelta, aprovechamos el desvío para visitar Roncesvalles, cobijo de caminantes y peregrinos del Camino de Santiago. La Colegiata de Roncesvalles era un antiguo hospital de peregrinos y alberga la tumba del rey Sancho VII el Fuerte.

Esa noche volvimos a Pamplona, para cenar allí y disfrutar del ambiente nocturno.

El último día, aprovechando el camino de regreso, visitamos Olite y su castillo-palacio, con sus gruesos muros y torres almenadas, cuyo estado de conservación es increíble. En broma comentábamos que nos parecía igual que las construcciones de “Exin-castillos” con las que jugábamos de pequeños.

Finalmente, visitamos y comimos en Tudela, donde convivieron durante más de 400 años, musulmanes, judíos y mozárabes, lo que se refleja en sus monumentales edificios. Pero por lo que es más famosa la ciudad es por sus exquisitas verduras y, sobre todo, sus espárragos y pimientos.

Como resumen, os incluyo un video promocional del turismo de Navarra donde aparecen muchas de las localidades que he citado. Os animo a que la visitéis.

GALICIA: Los gozos y las sombras (Gonzalo Torrente Ballester)

No puedo seguir hablando de lugares lejanos sin detenerme antes en España, cuna de grandes escritores. He escogido Los gozos y las sombras de Gonzalo Torrente Ballester, uno de los mejores novelistas del siglo XX. Es un libro que me apasionó cuando lo leí y que alcanzó gran difusión editorial gracias a la adaptación televisiva que se hizo en 1982.

PORTADA DE LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

 

TITULO: Los gozos y las sombras

AUTOR: Gonzalo Torrente Ballester

EDITORIAL : Alfaguara

ISBN: 9788420472423

FORMATO: 1.216 páginas.

La historia se desarrolla en una imaginaria población de la costa de Galicia llamada Pueblanueva del Conde en los años anteriores a la Guerra Civil española.

Realmente es una trilogía. Los tres libros que la forman se titulan:

  • El señor llega (1957)
  • Donde da la vuelta el aire (1960)
  • La Pascua triste (1962)

Carlos Deza, el último de la familia de los Churruchaos, antiguos amos de Pueblanueva, regresa al pueblo creando una gran expectación entre sus vecinos, que lo ven como un posible libertador del yugo de un nuevo amo, Cayetano Salgado, que gracias a su poder económico domina a toda la población. Sin embargo, Carlos Deza no responde a la imagen que de él han formado sus vecinos, aunque el enfrentamiento entre él y Cayetano no tarda en surgir.

La novela aborda el tema de la lucha entre el viejo poder representado por la sangre noble de los Churruchaos y el nuevo poder, en manos del capital y de nuevos ricos como los Salgado. Es también época de tránsito hacia un nuevo modelo económico. La mayoría de la población ya no vive de la pesca artesanal, sino del trabajo en los astilleros, que son los que aportan riqueza al pueblo y poder a Cayetano.

A pesar de todos estos cambios, la vida en Pueblanueva discurre como siempre, sobre todo con las reuniones de los hombres en el casino para jugar a las cartas, beber, fumar, hablar de política y compartir chismorreos.

Carlos Deza se convierte en confidente de muchos de los habitantes de Pueblanueva. De esta manera, poco a poco vamos conociendo los dramas particulares de cada uno de ellos, a los que Torrente Ballester disecciona psicológicamente con maestría.

Hay personajes inolvidables como Doña Mariana Sarmiento, también de la estirpe de los Churruchaos, que es la mayor interesada en apoyar a Carlos Deza frente a Cayetano Salgado; Rosario “La Galana”, amante de Cayetano y de Carlos; Clara Aldán, quizá el personaje más atormentado de la novela y Juan Aldán, el líder sindical, sin olvidarnos de Don Lino, el boticario y su mujer.

He seleccionado uno de los pocos fragmentos de la serie televisiva que he encontrado en YouTube, pero  la imagen es antigua y las escenas no reflejan la complejidad de la novela. Los capítulos renovados y completos se pueden ver en la página de Televisión Española.

 

GALICIA

Hablar de Galicia en este blog supone para mí un viaje a la infancia, a pesar de que he estado más veces siendo adulta. Recuerdo el primer año  que fui con mi familia a las Rias Bajas, a un hotel situado casi en medio del monte, cerca de un pequeño pueblo llamado Reboredo, al lado de El Grove. Yo tendría unos diez años y el lugar era idílico, con sus vacas “rubiñas”, los hórreos y los cruceiros. Tras un breve paseo de cinco minutos a través de un paisaje espectacular se llegaba a una pequeña cala en la que nos bañábamos solos. Al fondo se veían las mejilloneras y el agua era completamente transparente, aunque había que ser muy valiente para bañarse, porque estaba helada.

El hotel tenía un hórreo lleno de la comida que el dueño del hotel nos escatimaba, porque contrariamente a lo que ocurre en Galicia, nos mataba de hambre. Esto hacía que por las tardes hiciésemos excursiones y merendásemos opíparamente en pueblos cercanos para suplir la escasa cena que nos esperaba. Creo que ese fue el motivo principal por el que el año siguiente no volvimos.

Los siguientes veranos optamos por las Rías Altas. Nos alojábamos en un hotel muy familiar en Miño, cerca de La Coruña. El lugar no tenía tanto encanto, porque el hotel estaba en medio del pueblo y no era tan bonito como el de Reboredo, pero lo recuerdo como el paraíso.

El día empezaba desayunando en un comedor donde todo el mundo se conocía, ya que las familias repetían de año en año. Al día siguiente de la llegada ya teníamos pandilla. El desayuno consistía en grandes hogazas de pan gallego, con un gran taco de mantequilla casera y un bote de mermelada también hecha en el hotel. En días especiales como la Virgen de agosto, además nos ponían enormes bizcochos hechos con nata de la leche.

Después pasábamos la mañana en la playa de Miño, que en aquella época no estaba edificada. El viento soplaba muy fuerte y lo primero que hacía el grupo de padres era colocar una especie de parapeto hecho con lona y palos, tras el cual nos podíamos tumbar protegidos del aire.

La comida en el hotel era pantagruélica. Todos los días consistía en: caldo gallego, pescado, carne (acompañada de fuentes inmensas de patatas fritas) y postre. Los niños no queríamos el caldo y poníamos de disculpa que tenía mosquitos. Es verdad que a veces los grelos los tenían y concursábamos a ver quién encontraba más. Aparte de ese detalle, toda la comida del hotel era excelente.

Las tardes eran el mejor momento del día, ya que los niños nos independizábamos de los padres y salíamos en pandilla. Tendríamos la mayoría entre 11 y 13 años.

De niña era muy aficionada a las novelas de Enid Blyton (los Cinco, los Siete Secretos, Torres de Malory, …) donde niños ingleses de mi edad exploraban casas abandonadas, faros misteriosos, barcos hundidos, cuevas secretas, … Pues bien, Miño tenía casi todos esos ingredientes mágicos y maravillosos.

Saliendo por detrás del hotel, había un camino que llevaba a un monte que tenía una casa abandonada. Era una casa de una planta que tenía una cubierta plana con terraza, con una vista de la bahía increíble. Casi todas las tardes íbamos a la casa abandonada, porque allí sentíamos el espíritu del misterio y la aventura. Nos sentábamos en la azotea y jugábamos a las cartas o contábamos historias de miedo.

También había en una playa cercana una pequeña barca hundida, que asomaba cuando bajaba la marea. Supongo que era un simple barco de remos, pero mi imaginación volaba pensando en los libros de Emilio Salgari.

Otras tardes bajábamos a un embarcadero donde los pescadores limpiaban las cajas de pescado. Allí entre raspas y tripas de pescado nos bañábamos tan felices.

Muchas tardes salíamos varias familias de excursión. Me encantaban las carreteras comarcales en las que los bordes estaban invadidos de hortensias silvestres. Algunas veces la excursión terminaba merendando chocolate con churros en La Coruña.

Las cenas en el hotel eran lo peor, porque ya nadie tenía hambre para comer los dos abundantísimos platos que los amables dueños del hotel nos ofrecían. Recuerdo nuestra lucha ante inmensas tortillas de patatas que apenas podíamos probar. En algunas ocasiones, salían de la cocina con gran preocupación preguntando si estábamos enfermos, porque no podían entender que no comiéramos todo.

Después del mes que pasábamos allí volvíamos tristes a Madrid, con la cabeza llena de imágenes y aventuras y con tres o cuatro kilos de más.