POLINESIA FRANCESA: Pasaje a Tahití (Eva García Sáenz)

De vez en cuando tropezamos con libros que nos transportan a lugares que con sólo mencionar su nombre nos evocan imágenes paradisíacas. Uno de esos lugares es la isla de Tahití, situada en la Polinesia Francesa. La novela a la que me refiero es Pasaje a Tahití de Eva García Sáenz.

PASAJE A TAHITÍ. EVA GARCÍA SÁENZ

TÍTULO: Pasaje a Tahití

AUTOR: Eva García Sáenz

EDITORIAL: S.L.U. ESPASA LIBROS

Nº PÁGINAS: 480

ISBN: 9788467041255

Este libro narra una historia de amor, superación, secretos familiares, ambición y traiciones con el telón de fondo del Tahití colonial y el fascinante origen de las perlas cultivadas.

Es una novela de aventuras, ya que sus protagonistas embarcan hacia un destino desconocido en una tierra extraña donde tienen que empezar desde cero a luchar por subsistir. La acción transcurre en Manacor, Menorca, Marsella, París, Sidney, Japón y, sobre todo, en Tahití. El exotismo de la antigua colonia francesa se palpa en cada una de las páginas. La autora esboza un hermoso retrato de la cultura maorí y su gente, describiendo detalles de su vida cotidiana, sus valores y sus supersticiones y los conflictos con los colonizadores.

Es también una novela histórica, ya que  buena parte de los hechos que narra son reales, y también alguno de los personajes, como por ejemplo el pintor Paul Gauguin o el japonés Kokichi Mikimoto (padre de las perlas cultivadas).

Además, cuenta una bonita historia de amor, que sobrevive al paso de los años y a las adversidades del destino, pero sin caer en la sensiblería.

El libro entremezcla dos historias en diferentes épocas:

  • A finales del siglo XIX, dos hermanos de Manacor, Hugo y Bastian Fortuny se ven obligados a emigrar a Tahití en busca de fortuna. En el viaje conocen a Laia Kane, hija del cónsul inglés en Menorca, que ha sido exiliado por la reina Victoria a Tahití. Desde ese momento surge una relación de amistad y amor que les marcará para siempre.
  • En 1929, Denis Fortuny, hijo de Hugo y Laia y rico heredero del negocio de las perlas de imitación de lujo en Manacor, decide viajar a Tahití para averiguar una serie de misterios que rodean a sus primeros años de vida y a la reciente desaparición de su madre.

La autora utiliza para contarnos la primera historia las voces de Laia y Bastian, con capítulos narrados en primera persona. La segunda es narrada por Denis, cuyas vivencias se explican en tercera persona. Ambas tramas se cruzan y van desvelando y anticipando algunos aspectos de la otra historia, hasta que todo termina encajando perfectamente.

Los hermanos Fortuny tienen caracteres antitéticos: Hugo es pragmático, ambicioso y triunfador, mientras que Bastian es idealista, soñador y desinteresado. Cada uno de ellos se adapta de forma diferente al entorno que le rodea: Hugo es europeo y encaja bien en la colonia francesa, aunque su deseo es volver a Manacor, mientras que Bastian se integra plenamente con los maoríes a los que llega a considerar su familia.

Por otro lado, Laia es una mujer moderna para su tiempo, muy independiente, apasionada, luchadora y fuerte. Ama con locura, pero en los momentos clave de su vida, antepone su espíritu pragmático a sus anhelos personales.

Finalmente, Denis aparece al principio de la novela como un hombre de negocios serio y encorsetado por los cánones sociales y poco a poco va evolucionando, liberándose de todas las ataduras hasta que desarrolla su auténtica personalidad.

Como trasfondo de toda esta novela, el mar siempre está presente: desde ese mar cargado de muerte en el que tiene lugar la travesía que lleva a los protagonistas a Tahití, al frío mar en que se sumergen las “amas” japonesas en busca de perlas o los cálidos y transparentes mares de Tahití.

La temática es muy interesante, ya que describe el progresivo agotamiento de las perlas naturales, extraídas al mar en inmersiones cada vez más peligrosas, y la búsqueda de métodos para conseguir perlas de imitación, por un lado, y perlas cultivadas, por otro. Esta búsqueda acaba dando fruto y es el origen de los actuales negocios de perlas de imitación de Manacor y de perlas cultivadas de Tahití.

La historia no tiene nada que ver, pero hay cierto paralelismo con Palmeras en la nieve de Luz Gabás, porque en las dos novelas hay dos hermanos que emigran para mejorar de vida, sus caracteres son opuestos y eso genera entre ellos una relación de amor-odio, hay un choque de culturas, hay amores ocultos y además la trama se narra en dos lugares y dos épocas diferentes.

En definitiva, se trata de un viaje con luces y sombras, ya que no todo es idílico en ese escenario maravilloso de la Polinesia.

He seleccionado dos videos sobre Tahití. He incluido el segundo, a pesar de estar en inglés, porque sus imágenes ilustran perfectamente muchos de los aspectos que se describen en el libro sobre el cultivo de perlas en Tahití.

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CANTABRIA: La saga de los longevos. La vieja familia (Eva García Sáenz)

Tenía muchas ganas de dedicar un asiento a Cantabria, una región de la que guardo muy buenos recuerdos de mi juventud y a la que he vuelto en varias ocasiones con posterioridad. Además, este verano he tenido la oportunidad de disfrutar de la hospitalidad de unos excelentes amigos y volver a visitar lugares que tantos recuerdos agradables me traen a la memoria. Sin embargo, no tenía claro qué libro escoger y había decidido recurrir a alguna novela costumbrista de D. José María de Pereda como Sotileza o Peñas arriba. Por casualidad, gracias a una programa de radio, descubrí esta entretenida novela ambientada en Santander en el año 2012: La saga de los longevos. La vieja familia de Eva García Sáenz.

 

PORTADA LA SAGA DE LOS LONGEVOS. LA VIEJA FAMILIA

 

TÍTULO: La saga de los longevos. La vieja familia.

AUTORA: Eva García Sáenz

EDITORIAL: La esfera de los libros

ISBN: 9788499707501

Nº DE PÁGINAS: 592

Es difícil encuadrar este libro en algún género, ya que es una mezcla de literatura fantástica, novela histórica, thriller de acción, novela científica e historia de amor.

La protagonista de la historia, Adriana Alameda, es una preparada arqueóloga que decide volver a trabajar en su tierra natal, Santander, en el Museo de Arqueología de Cantabria. Allí se encuentra con los hermanos del Castillo, que dirigen y administran el Museo. Lo que ignora Adriana es que se trata de una familia de “longevos”, hombres que nacieron hace miles de años y que por alguna extraña mutación genética no envejecen, aunque no son inmortales, ya que pueden perecer por accidente o por muerte violenta.

El patriarca de todos ellos, Héctor del Castillo (Lür), tiene 28.000 años y nació en Cantabria en el Paleolítico. Tiene tres hijos: Iago del Castillo (Urko), de 10.300 años, que también es cántabro, su hermano Jairo del Castillo (Nagorno) es un escita de 3.000 años y Kyra (Lyra) es una celta de 2.500 años. Por una razón evidente, ocultan su verdadera naturaleza y cada pocos años se ven obligados a cambiar de identidad.

Adriana es una mujer realista, independiente y fuerte. Al volver a Santander se enfrenta a su pasado y al misterioso suicidio de su madre. Sus puntos de vista pragmáticos y científicos chocarán con los de Iago del Castillo, al que le gustaría que tuviese una visión más abierta de la Prehistoria. Los problemas surgen a medida que Adriana va descubriendo secretos de sus jefes a la vez que se siente cada vez más atraída por Iago.

Me ha gustado mucho que la novela esté ambientada en Santander y que continuamente describa lugares conocidos: uno de los protagonistas vive en el Paseo de Pereda y otro tiene un chalet en Somo, van a comprar al Mercado de la Esperanza, juegan al golf en Pedreña, visitan la Cueva del Castillo, desayunan sobaos pasiegos y cuando toman pinchos suelen tomar las deliciosas rabas cántabras. Una de las escenas clave del libro se desarrolla en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, una antigua explotación minera a cielo abierto, con un increíble paisaje kárstico, que acoge a especies de animales de los cinco continentes en régimen de semilibertad.

Así contada, parece una mezcla de Crepúsculo y Los Inmortales, pero la verdad es que la novela es muy entretenida y la acción es trepidante. Además, te lleva a plantearte muchos temas:

  • ¿Puede un hombre respetar las normas impuestas cuando sabe que con solo esperar un tiempo prudencial saldrá impune de sus actos?
  • Ser casi inmortal, ¿es un privilegio o implica estar condenado a ocultar la verdadera identidad, perder continuamente a familiares y amigos y llevar una vida errante?
  • ¿Es posible que los demás humanos (los efímeros) acepten a un longevo o en los tiempos actuales lo recluirían y someterían a todo tipo de experimentos para descubrir su secreto?
  • ¿Se puede amar a otra persona cuando se sabe que en un plazo breve de tiempo va a morir o es mejor vivir sin lazos afectivos?
  • ¿Se conoce la forma de vivir de los hombres prehistóricos o sólo intuimos unas pocas facetas en base a las deducciones de los arqueólogos? ¿son esas deducciones correctas?
  • ¿Conocemos realmente la verdad de muchos episodios históricos o sólo conocemos lo que han querido contarnos las crónicas históricas?

 

CANTABRIA

Es difícil decidir por dónde empezar para describir Cantabria. Su capital, Santander, es una preciosa ciudad orientada el mar, con unas playas fantásticas y una increíble bahía. Es muy agradable recorrer el Paseo de Pereda, la calle Castelar y la Avenida de la Reina Victoria hasta llegar a las playas del Sardinero, pasando por los Jardines de Piquío e incluso acabar en el Faro de Cabo Mayor, pero todavía se disfruta de mejores vistas si se recorre la bahía en barco, especialmente en velero.

En medio del Paseo de Pereda destaca el emblemático edificio del Banco de Santander.

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 Ya en la cuesta de Castelar está el Palacio de Festivales de Cantabria, un moderno edificio de dudoso gusto.

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Todavía dentro de la bahía, se llega una zona con majestuosos edificios entre los que destacan el Hotel Real y, un poco más abajo, el edificio de la Fundación Botín.

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Para salir de la bahía se pasa entre la península de La Magdalena y la Isla de la Torre.

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a una vez fuera de la bahía hay una vista completa del Palacio de la Magdalena, donde se celebran los famosos cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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Otra visita muy recomendable es ir al Faro de Cabo Mayor y dar un paseo por los alrededores para disfrutar de las vistas del mar abierto.

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En todas las ciudades me gusta visitar los mercados, porque reflejan muy bien las costumbres de sus habitantes. En el caso de Santander, es toda una experiencia visitar el Mercado de la Esperanza, junto a la Plaza del Ayuntamiento. Imprescindible pasear por los puestos de pescado y marisco, donde se expone un género fresquísimo y a unos precios bastante asequibles, sobre todo teniendo en cuenta la excelente calidad.

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La gastronomía cántabra necesitaría un asiento propio. A mi lo que más me gusta son los bocartes fritos (boquerones abiertos, sin espinas, rebozados y fritos) y las almejas de Pedreña, pero hay multitud de platos deliciosos, entre ellos el cocido montañés. De postre se puede tomar la quesada o los hojaldres de Torrelavega. No me quiero olvidar de otros productos emblemáticos de la tierra como los sobaos pasiegos y el queso de Cabrales.

Si dejamos la ciudad, lo primero que llama la atención en Cantabria es que se combina el paisaje montañés con el marino en una simbiosis perfecta. Es fácil ir por carreteras comarcales y observar un verde prado con vacas pastando y al fondo el mar.

VACA PASTANDO EN CANTABRIA

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El ambiente rural es muy auténtico y en cualquier pueblo se pueden encontrar lugares pintorescos.

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Otra constante del paisaje cántabro es que en todas las casas abundan los macizos de hortensias, mi flor preferida.

HORTENSIAS. CANTABRIA.

HORTENSIAS. CANTABRIA

En Cantabria hay multitud de localidades bonitas para visitar. Para no alargarme, sólo voy a mencionar algunas de las que he visitado en esta última ocasión, empezando por Comillas, que aloja la famosa Universidad y que tiene un curioso edificio diseñado por Gaudí, conocido como El capricho.

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Otra localidad interesante es San Vicente de la Barquera, que además está junto al Parque Natural de Oyambre, de gran valor paisajístico y ecológico.

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Finalmente, una de mis localidades preferidas, Santillana del Mar. Lo ideal es visitarla en un día lluvioso o entre semana, porque los fines de semana se abarrota de turistas, pero vale la pena. La primera vez que la visité llovía a mares y había mujeres asomadas a sus ventanas vendiendo leche y bizcocho. A mí me dejó un recuerdo imborrable.

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El broche final sería lograr visitar la Cueva de Altamira que está muy cerca de Santillana, pero dado el aforo tan escaso permitido actualmente y las largas listas de espera supongo que es un anhelo casi inalcanzable, aunque también es un motivo que, por sí solo, hace que valga la pena volver a Cantabria.