TRENES DE LA INDIA: El vagón de las mujeres (Anita Nair)

Esta vez no dedico un asiento a un lugar concreto, sino a un medio de transporte que me gusta especialmente y que me parece una de las formas más agradables e interesantes de viajar: el tren. El motivo ha sido la lectura de un libro estupendo sobre diversas mujeres que coinciden en el mismo vagón de tren en la India.

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TÍTULO: El vagón de las mujeres.

AUTORA: Anita Nair.

EDITORIAL: Alfaguara.

Nº DE PÁGINAS: 384

ISBN: 9788420465111

 

En esta novela se entremezclan las historias de seis mujeres que viajan en un tren en el sur de la India, en un vagón reservado sólo para mujeres. Como curiosidad, en el propio libro se indica que en la actualidad no existen este tipo de vagones.

La principal protagonista es Akhila, una mujer soltera de cuarenta y cinco años, que cansada de mantener a su familia, siente la necesidad de huir de todo y hacer una pequeña escapada en tren. En el coche-cama, las seis mujeres comparten confidencias y revelan su diferente visión sobre el matrimonio, el amor, la amistad, el trabajo, la situación de las mujeres y la familia. Al calor de las confidencias susurradas durante la noche con unas desconocidas, Akhila intenta encontrar respuestas a los dilemas a los que siempre se ha enfrentado. Es libre de hablar con ellas, porque sabe que no volverá a verlas nunca más.

El libro está escrito con una gran sensibilidad. El análisis psicológico de cada una de las mujeres es excelente y no resulta pesado en ningún momento. Además, se apartan de la imagen típica que podemos tener de la India. Todas ellas son de clase media acomodada, algunas de ellas de la clase de los brahamanes, con estudios universitarios y sin embargo, no logran encontrar su lugar exacto en una sociedad profundamente machista, en la que muchos de los prejuicios vienen por parte de otras mujeres, incluso de su propia familia.

Estas mujeres lo único que buscan es encontrar su propio lugar en la sociedad, su libertad y su reconocimiento por sí mismas, no solamente como madres, hijas o esposas.

En conjunto, es una novela muy bien escrita, muy interesante y que se adentra en el universo femenino de la sociedad india.

 

TRENES DE LA INDIA

Durante mi viaje a la India tuve la oportunidad de hacer un pequeño trayecto en tren desde Jhansi a Agra. Aproximadamente duró unas tres horas. La verdad es que me supo a poco, porque después de la tensión del viaje por carretera, con constantes peligros acechando en cada curva, hubiera preferido hacer más trayectos en tren y menos en coche.

Llegamos a Jhansi en coche desde Khajuraho, visitando en el camino los palacios y la ciudad de Orchha. La estación de Jhansi era muy bulliciosa y estaba abarrotada de gente, porque es un nudo ferroviario importante. En la estación nos estaba esperando un corresponsal de la agencia de viajes india y amablemente nos llevó a una sala de espera para que estuviésemos más tranquilas. Esta sala me recordó inmediatamente al libro, porque era una sala reservada exclusivamente a mujeres. Allí, apartadas del bullicio exterior habría unas ocho o nueve mujeres vestidas con sari, que aprovechaban los bancos para tumbarse tranquilamente y olvidarse del barullo de la estación.

En la sala reinaba un ambiente íntimo como el que describe el libro. Algunas mujeres estaban dormidas, otras aprovechaban para comer algo, pero sobre todo se respiraba tranquilidad. Mi amiga y yo éramos las únicas extranjeras en la sala y nos dio reparo sacar la cámara de fotos y reflejar esa escena, porque nos pareció que de alguna forma invadíamos su intimidad.

Unos quince minutos antes de llegar el tren, salimos de nuevo al barullo y al ruido de la estación y cruzamos los andenes por un paso subterráneo para prepararnos, porque el tren hacía una breve parada.

jhansi-001Los andenes estaban llenos de gente de todo tipo, como es habitual en cualquier calle de la india. No había mucha suciedad, aunque en las vías sí que pude ver varias ratas.

La mayoría de la gente se sentaba en los bancos o en el suelo a esperar tranquilamente la llegada de su tren.

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A pesar del aparente desorden, en las vías sí que estaban marcados los vagones, por lo que te podías situar relativamente cerca de la puerta de entrada antes de llegar el tren.

El momento en el que llegó el tren fue una locura, con todo el mundo apretujándose para subir al mismo tiempo. Afortunadamente, estábamos bastante bien situadas y cerca de la puerta. Nuestro acompañante se coló en el vagón de al lado y pudimos acceder al nuestro mucho antes que el resto de la gente.

Una vez acomodadas, pudimos sentarnos tranquilamente a disfrutar del trayecto. Si se compara con los trenes españoles, el vagón era antiguo y un poco destartalado, pero la agencia nos debía haber reservado en clase preferente, porque allí sólo iban dos grupos de extranjeros y algunos viajeros locales con aspecto de pertenecer a clases acomodadas, por el tipo de equipaje, vestimenta, móviles y relojes que utilizaban.

Casi antes de reiniciar el trayecto, un empleado del tren, menudo y sudoroso, nos entregó a cada uno una botella de agua mineral de litro y medio.

Al minuto de iniciar la marcha, el chico se puso a servir la cena con una diligencia y una rapidez extraordinarias. Ofreció a todo el mundo una sopa, luego dos platos y postre. Nosotras estábamos asombradas, porque incluso en clase preferente en España, no te prestan tantas atenciones, ya que con cada plato servía una bandeja a cada viajero que luego recogía. Es decir, que sin contar el agua, sirvió cuatro bandejas a cada persona y recogió otras tantas. No es de extrañar que no parara de sudar.

Nosotras no cenamos porque nos esperaba la cena en el hotel de Agra, pero el resto de la gente no paró de comer. El ambiente era muy relajado y familiar y le gente iba muy tranquila. Al lado nuestro viajaba una familia con la abuela, la madre y dos jóvenes, todas vestidas con sari. Iban acompañadas de  un chico guapísimo que parecía salido de una película de Bollywood y que actuaba de protector de todas ellas. Es curioso ver a las mujeres vestidas de forma tradicional, mientras que los hombres van con vaqueros y camisas de cuadros. Lo único que les diferencia de los hombres occidentales es que llevan anillos con gemas, porque es tradición y además las llevan como amuletos de buena suerte.

Todo el trayecto lo hicimos de noche, por lo que no pude disfrutar del paisaje, aunque sí que pude relajarme después de un día tenso en las carreteras indias.

Al llegar a Agra, nos estaba esperando un corresponsal de la agencia que se empeñó en que dos hombres cogiesen nuestra maletas y se las pusiesen en la cabeza, cosa absurda, porque las maletas de cuatro ruedas se llevan prácticamente sin esfuerzo, pero en este tipo de países abundan profesiones ya casi olvidadas en occidente, como los mozos de estación.

En conjunto, el viaje se me hizo corto y me habría gustado viajar de día para poder contemplar el paisaje. Si alguna vez vuelvo a la India, desde luego optaré por esta forma de viajar antes que ir por carretera.

 

INDIA: La vaca sagrada y otras historias de la India (Tarun Chopra)

Todos tenemos viajes que deseamos más que otros y destinos especiales que están esperando a que nos salga la oportunidad de conocerlos. Para mí, uno de esos viajes especiales desde siempre ha sido la India, pero nunca había podido realizarlo. Este verano he tenido la inmensa suerte de poder cumplir mi sueño y visitar el norte de la India. La verdad es que mis expectativas no han quedado defraudadas. Para ambientar el viaje, he elegido como lectura La vaca sagrada y otras historias de la India de Tarun Chopra.

 

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TÍTULO: La vaca sagrada y otras historias de la India

AUTOR: Tarun Chopra

EDITORIAL: Prakash Book Depot

ISBN: 8172340435

Nº DE PÁGINAS: 150

 

Se trata de un atractivo libro lleno de fotografías que encontré en una tienda dentro del Fuerte Amber de Jaipur, pero que se puede comprar a través de Amazon. Está escrito por un indio que trata de responder las preguntas básicas que se plantea cualquier visitante extranjero al llegar a la India, como por ejemplo, por qué las vacas son sagradas, por qué el amor se expresa mediante mármol en el Taj Mahal, por qué los hindúes quieren morir o ser incinerados en el río Ganges o por qué los templos de Khajuraho se adornan con esculturas eróticas.

El autor trata de comunicar al lector a través de cuentos e imágenes lo que es la India en su tradición histórica, religiosa, sus costumbres y su estructura social. De esta forma, se abordan todo tipo de temas, desde la religión, la cultura, la comida, los problemas burocráticos o el caos circulatorio.

Como primera aproximación a la India es un libro interesante, que además puedes ir leyendo por capítulos sueltos y en el orden que quieras, pero algunas materias, debido a su profundidad, como por ejemplo cuando explica las distintas religiones, se quedan un poco en la superficie y en otras ocasiones se aportan tantos datos, como cuando habla de los emperadores mogoles, que se pierde un poco el hilo. También es cierto que ocurriría lo mismo si quisiésemos explicar todas las peculiaridades de la historia, la religión, la cultura, el arte y el carácter español en un libro de tan solo 150 páginas.

De todos modos,  como tiene una edición bonita, en buen papel y con abundantes fotos, es un buen recuerdo para los que han visitado la India y un libro interesante para los que quieren ir.

 

IMPRESIONES GENERALES DE LA INDIA

La India es un país tan grande y tan lleno de matices que requiere multitud de asientos en un blog. En esta primera entrada no voy a hablar de ningún lugar concreto (prometo hacerlo en próximos asientos), sino que voy a contar mis primeras impresiones de este increíble país.

Al viajero que llega a la India le ocurren dos cosas: o queda fascinado o le horroriza. Es un lugar que no admite medias tintas, ni posturas indiferentes. Una amiga mía da una explicación que me gusta: en la India todo fluye con una longitud de onda y un ritmo especial. Al llegar allí puedes conectar con esa onda y dejarte llevar, en cuyo caso todo te parece normal y te fascina o puedes chocar frontalmente y entonces eres incapaz de comprender la complejidad del país y de sus habitantes.

Lo primero que llama la atención al llegar a la India es que se produce una exacerbación de los sentidos. Todo es excesivo: el colorido, el ruido de las calles, los olores, el picante en las comidas, … Es un país de grandes contrastes, donde la belleza y la espiritualidad conviven con la pobreza, la suciedad y la sordidez.

En primer lugar, la India es un paraíso para el visitante. Se trata de una cultura milenaria y el país está plagado de edificios de gran belleza y grandiosidad. Empiezas a hacer fotos y ya no puedes parar. Todo te llama la atención y es diferente a lo que estás acostumbrado.

Un ejemplo claro es el Taj Mahal, en la ciudad de Agra, obra maestra por su belleza, armonía y simetría. Es una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno y fue construido por el amor de un emperador hacia su mujer, que murió al dar a luz a su decimocuarta hija.

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El edificio es impresionante desde cualquier punto.

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Además de las vistas entrando por la puerta sur, que son las más conocidas, también destacan las que se pueden sacar desde el jardín que está al otro lado del río Yamuna.

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Los cuatro edificios que flanquean el mausoleo también son de gran belleza.

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Otro edificio famoso es el Hawa Mahal o Palacio de los Vientos, en Jaipur, capital del Rajastán y conocida como “la ciudad rosa”.

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Uno de los lugares que más me ha impactado en este viaje ha sido el impresionante complejo de edificios de Khajuraho, mundialmente conocido por sus esculturas eróticas, que representan escenas del Kamasutra. También hay delicadísimas esculturas que escenifican la vida cotidiana en la corte, los bailes, la música, animales, la guerra, …

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La lista de lugares interesantes y atractivos para visitar es interminable. Sólo por citar algunos: las cataratas de Khajuraho,

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Los palacios de Orchha

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La ciudad de Fatehpur Sikri

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o el Fuerte Amber de Jaipur

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Sin embargo, en cuanto sales a las calles, te encuentras con pobreza, basura y caos circulatorio. Basta con mirar los tendidos eléctricos y de telefonía para asombrarte de que alguien pueda tener luz eléctrica y teléfono en su casa. No me puedo imaginar a un técnico arreglando una avería, porque parece imposible saber cual es el cable correcto entre todo el amasijo de ellos.

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Las calles están atestadas de gente y suelen estar llenas de basura sin recoger. Los edificios están decrépitos y a veces no se sabe si están en construcción o se han derruido. A los malos olores hay que añadir el ruido incesante de bocinas. Da la impresión de que todo el mundo vive fuera de sus casas, porque hacen la vida cotidiana en la calle. Además, las omnipresentes vacas sagradas, que siempre están en medio de todo.

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Uno de los aspectos que más impresionan en la India es la circulación o dicho con más propiedad, el caos circulatorio. En el libro de la vaca sagrada hablan de este tema y lo definen como “anarquía funcional”. Los indios presumen de que no hay reglas circulatorias y te citan muy orgullosos sus tres regla de oro: “Buena bocina, buenos frenos y buena suerte”. Por mucho que se describa, es imposible imaginarse cómo circulan hasta que uno lo experimenta en vivo. Baste decir que no se puede caminar tranquilamente por las calles, sencillamente porque es imposible cruzarlas, así que la mejor opción es levantar la mano y parar al primer tuc-tuc que pasa.

El tuc tuc (triciclo motorizado) es un medio de transporte barato, rápido y muy divertido. Están muy sucios y vas tragando todo el humo, pero la experiencia vale la pena y es la mejor forma de desplazarse por las ciudades. Además, si cierras un precio, el conductor te acompaña una mañana o una tarde completa y hasta se mete en las tiendas y opina sobre las compras que haces. Incluso te recomiendan sitios para comprar o para comer. Nuestra experiencia con todos los conductores fue excelente.

En las calles de la India se cruzan todo tipo de vehículos: autobuses (llenos a rebosar y en los que viajan personas hasta en el techo), bicicletas (siempre herrumbrosas y normalmente conducidas por ancianos o niños), rickshaws (cuyos conductores se dejan la piel para conseguir una cantidad mínima para subsistir, ya que el vehículo pertenece normalmente a otro al que pagan un alquiler), motos (conducidas por jóvenes, que van como locos o por padres de familia, que trasladan en ella a toda la familia, en el sentido más literal de la palabra). El aprovechamiento del espacio es máximo.

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Pero el tráfico por las calles no es nada si se compara con la circulación por las carreteras. Estas son estrechas y mal asfaltadas, pero eso no es impedimento para adelantar en cualquier momento. Lo único que hay que hacer es tocar la bocina y adelantar, aunque vengan camiones de frente. La mayoría de los vehículos tienen carteles pidiendo que se toque el claxon. El ruido de las bocinas es incesante. Lo que no llegué a averiguar es quién tiene preferencia, si el que toca primero el claxon o el que empieza antes la maniobra.

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Las situaciones de  riesgo son constantes pero, milagrosamente, casi nunca pasa nada. Quizá se deba a que los vehículos llevan colgados amuletos para proteger a sus conductores.

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Esto se agrava en las autopistas, que no tienen nada que ver con las de cualquier otra parte del mundo. En el carril lento circulan bicicletas, motos, cabras, vacas y coches de frente, ya que como no hay puentes elevados sobre la autopista, los conductores optan por circular en sentido contrario. El carril rápido está colapsado por enormes camiones pintados de colores. Lo que queda es el carril central donde los coches tienen que ir esquivando a los que vienen por la derecha y por la izquierda. Las líneas no las respeta nadie y en algunos tramos ni siquiera están pintadas. Para añadir más emoción, en los pueblos no hay pasos elevados, sino pasos de cebra, que no respeta nadie, hasta que no queda más remedio que parar en seco, porque un anciano, un niño o una vaca están cruzando la autopista.

Otro aspecto destacado de la India y que no se puede obviar es el de la pobreza. Aunque en los últimos años la India ha logrado un impresionante crecimiento económico, la miseria y la desnutrición son duras realidades para millones de personas, especialmente mujeres y niños. Más de 122 millones de hogares en el país carecen de letrinas. Las enfermedades diarreicas son la segunda de las principales causas de defunción en la infancia, después de las infecciones de las vías respiratorias. Las prácticas poco higiénicas y beber agua contaminada son algunas de las causas principales.

Aunque te limites a visitar los sitios turísticos, sin entrar en las zonas más deprimidas, la pobreza está por todas partes. En el campo es habitual ver a las niñas y mujeres cogiendo agua de las fuentes y caminando kilómetros con los cubos a cuestas.

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En las ciudades, la situación no es mucho mejor y la gente tiene que lavarse en plena calle.

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Las pequeñas aldeas están plagadas de niños. Enseguida te rodean y te piden caramelos o dinero. En un pequeño pueblo me llamó la atención que varias niñas me pedían champú. Eran guapísimas, pero tenían el pelo sucio y enredado.Me habría encantado haberlo sabido antes, porque les habría llevado todos los frascos del hotel. El jefe del pueblo nos enseñó su casa y nos presentó a su mujer, la cual nos dio de comer una torta de pan recién hecha. Cuando la probé supe que tendría ardor de estómago dos días, pero no podía hacer el feo de despreciar comida, viendo las condiciones lamentables en las que vivían.

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Casi todos los niños iban descalzos y muchos de ellos tenían la ropa en jirones. Algunos llevaban camisetas, pero no tenían nada abajo, mientras que otros tenían pantalones, pero no tenían camisetas. Eso sí, todos sonrientes y alegres. Quizá se debía a que eran niños de una zona rural y con familia. La vida tiene que ser mucho más dura para los niños en las grandes ciudades, donde muchos son explotados por bandas organizadas o deambulan huérfanos y subsistiendo en la calle.

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Este precioso niño no está pidiendo nada. Simplemente me está regalando una piedra. No se si quería algo a cambio o simplemente estaba compartiendo conmigo su tesoro. En todo caso, a mi me enterneció su gesto.

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Otro aspecto importante al hablar de la India es la religión. No se puede entender este país desvinculándolo de ella. La religión condiciona la manera de vivir, pensar, comer e incluso de morir de los indios.

La religión mayoritaria es el hinduismo. En el libro de la vaca sagrada hay varios capítulos dedicados a explicar algunos aspectos relacionados con ella, pero resulta difícil comprender esta religión milenaria con multitud de dioses, ritos y creencias.

En Varanasi (Benarés) tuve ocasión de asistir a una ceremonia Aarti al lado del río Ganges, justo al anochecer. Es una experiencia impresionante e inolvidable. Entre el calor asfixiante  y pegajoso (era época de monzón), las masas de fieles de Shiva vestidos de naranja gritando algo así como “boldam” o “goldan”, la música, los cánticos, las ofrendas de fuego y el incienso, se crea una atmósfera mágica.

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Pero todavía más impresionante es ir a los ghats (escalinatas) de  Varanasi para ver amanecer y asistir al momento en que los fieles se bañan en el rio Ganges para purificarse. Las imágenes son impactantes. El río Ganges se había desbordado por las abundantes lluvias, por lo que era peligroso ir en barca (el río tiene en ese tramo una anchura de dos kilómetros y la corriente es muy fuerte). En vez de hacer la típica visita en una barca de turistas, sacando fotos desde lejos, nos mezclamos con la gente en las mismas escalinatas.

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Para acceder de un ghat a otro tuvimos que ir por las calles traseras, así que pudimos disfrutar del Benarés más profundo, incluidos sadhus o santones y encantadores de serpientes, que también son animales sagrados para el hinduismo.

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También pudimos ver el principal ghat para las cremaciones. Para los hinduistas, la muerte se asume con mucha más naturalidad que para los occidentales, entre otras cosas, porque creen en la reencarnación.

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Pero en la India conviven otras religiones con el hinduismo. La segunda religión mayoritaria es el Islam. Pudimos visitar varias mezquitas y tumbas de santos.

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También vimos un templo de la religión jainista, la religión más asceta de todas las de la India.

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Y un precioso templo sikh en Delhi (Gurdwara Bangla Sahib), que me gustó mucho por el carácter apacible y amable de sus seguidores.  Se trata de una comunidad en la que sus integrantes se ayudan mucho entre sí y la gente no pasa hambre, porque incluso tienen comedores sociales para los más necesitados. Son fácilmente distinguibles, porque los hombres llevan grandes turbantes de colores, ya que en toda su vida no se cortan el pelo.

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En Delhi, incluso hay un templo dedicado a todas las religiones. Es la Casa de adoración Bahá’i, conocida como Templo del Loto.

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Después de hablar de temas tan serios como la pobreza o la religión, quiero terminar hablando de dos aspectos más alegres y superficiales, pero muy característicos de la cultura india.

El primero de ellos son los saris, que las mujeres indias llevan con gran elegancia en cualquier situación (hasta trabajando en el campo o subidas a un andamio). Son seis metros de tela de colorido alegre y remates brillantes, que convierte a cualquier mujer en una auténtica princesa.

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El segundo y último del que voy a hablar son las películas de Bollywood, que confieso que me fascinan. Se trata de la industria cinematográfica más grande del mundo, llegando a producir más de 800 películas al año. La estética de las películas es brillante, con animadas canciones y bailes. Normalmente son historias de amor y desamor, pero que suelen acabar bien. Casi nunca aparece la pobreza y creo que los indios las adoran porque les ayuda a evadirse de la cruda realidad. En cuanto enciendes la televisión, hay anuncios constantes de los estrenos y reportajes sobre sus protagonistas, que son auténticos dioses en su país.

He seleccionado dos videos con escenas de baile de Bollywood. En el primero aparece la típica coreografía, con vestidos tradicionales y el segundo es un poco más moderno de vestuario y las mujeres bailan de una forma mucho más provocativa. Es curioso porque en todas las películas que he visto de Bollywood, las mujeres tienen un carácter muy fuerte y son las que mandan y dominan a los hombres. No se si responde a la realidad, pero probablemente también sea parte de esa sociedad utópica e idealizada de Bollywood, como ocurre en otros aspectos como la pobreza.