VALENCIA: Arroz y tartana (Vicente Blasco Ibañez)

Hace tiempo que quería dedicar un asiento a la luminosa y atractiva ciudad de Valencia y para ello he acudido a Vicente Blasco Ibañez, el escritor español que mejor ha recreado su ambiente y descrito a sus habitantes. La novela escogida es Arroz y tartana.

PORTADA ARROZ Y TARTANA

TITULO: Arroz y tartana

AUTOR: Vicente Blasco Ibañez

EDITORIAL: Alianza Editorial

Nº DE PÁGINAS: 336

ISBN: 9788420633503

Se trata de la primera de las novelas costumbristas que Vicente Blasco Ibañez dedicó al tema valenciano. Se publicó en 1894 y, a pesar de haber transcurrido 120 años, sigue reflejando las grandezas y miserias del pueblo valenciano y tiene algunos aspectos de plena actualidad.

La expresión “arroz y tartana” es parte de una antigua copla que sirve para ironizar y criticar a los que viven por encima de sus posibilidades y aparentan una riqueza que no tienen. La expresión completa es: “arròs i tartana, casaca a la moda, i rode la bola a la valenciana” (arroz y coche -de caballos-, vestido a la moda y que siga girando el mundo al estilo valenciano).

La protagonista, Doña Manuela, es una mujer que vive sólo pendiente de las apariencias. Después de enviudar en dos ocasiones, pasa el día despilfarrando el capital que heredó y tratando de casar bien a sus hijas. Toda su vida discurre en torno a comilonas, fiestas, bailes y festejos, a pesar de las críticas de su hermano, que le advierte del riesgo que corre de acabar en la indigencia. Pero doña Manuela no hace caso de esas advertencias y es capaz de todo, incluso de comprometer su honor, con tal de mantener su tren de vida.

Pero la auténtica protagonista de la novela es la ciudad de Valencia. Las descripciones son un poco largas para el gusto actual y ralentizan la historia, pero en conjunto son excelentes. Los valencianos viven en la calle, volcados en grandes espectáculos. Toda la novela se basa en las festividades de la ciudad. Desde la opulenta celebración de la Navidad, pasando por los carnavales, las procesiones del Corpus Christi con sus famosas “rocas” o las Fallas, entre otras, sin olvidar las corridas de toros. Especialmente recomendable es la descripción que se hace en el capítulo primero del Mercado de Valencia en plena Navidad.

El ambiente que impregna la novela es de ostentación, lujo y despilfarro y curiosamente se parece mucho al que ha vivido la Comunidad Valenciana estos últimos años. El libro también es una crítica a algunos sectores de la burguesía que buscan el dinero fácil para derrocharlo. Son los primeros años del auge de la Bolsa y la euforia se extiende entre algunos comerciantes que desprecian el esfuerzo del trabajo y que buscan enriquecerse rápidamente. Este ansia se contagia a otras personas de escasa cultura que confían en banqueros sin escrúpulos para que especulen en Bolsa con sus ahorros de toda la vida. Es increíble lo que se parecen algunas situaciones descritas en la novela a otras actuales como el escándalo de Afinsa o el más reciente de las participaciones preferentes. 

Por todo ello, me ha parecido que la historia es de rabiosa actualidad y que las situaciones se repiten, sin que las personas aprendan de los errores del pasado.

VALENCIA

Valencia es el tercer municipio por población de España, después de Madrid y Barcelona. Es una ciudad importante, que combina su historia y tradiciones con la modernidad. Está situada a orillas del río Turia, en la costa levantina. A unos diez kilómetros al sur de la ciudad se encuentra la Albufera de Valencia, que es uno de los lagos más grandes de España, con gran cantidad de hectáreas dedicadas al cultivo del arroz. También está cerca la famosa Huerta de Valencia, dedicada al cultivo de frutas y hortalizas.

Dadas sus buenas comunicaciones (sobre todo ahora con un AVE que tarda desde Madrid menos de dos horas), es una ciudad a la que he ido en innumerables ocasiones, especialmente por motivos de trabajo, por lo que la conozco bastante bien. Tiene un clima mediterráneo que hace que los inviernos sean suaves, aunque es calurosa en verano.

El casco histórico de Valencia es muy bonito y tiene gran número de iglesias y monumentos. En la Plaza de la Reina está la Catedral de Valencia, con su emblemático campanario, de estilo gótico valenciano, conocido como “El Miguelete”.

VALENCIA. PLAZA DE LA REINA. CATEDRAL DE VALENCIA. EL MIGUELETE

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Desde lo alto del Miguelete, se divisa una estupenda vista de toda la ciudad, pudiéndose ver a lo lejos el Puerto de Valencia y la Ciudad de las Artes.

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También se puede ver la planta de la Catedral

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… o la torre de la Iglesia de Santa Catalina y la Plaza Redonda.

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La Torre debe su nombre a la enorme campana llamada el Miguelete”.

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En el interior de la catedral lo que más me gustan son las pinturas de la bóveda del altar mayor, que representan a unos ángeles tocando instrumentos musicales.

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Al margen de su belleza, la catedral es mundialmente conocida porque alberga un Cáliz que muchos identifican con el Santo Grial, es decir, la copa que usó José de Arimatea para recoger la sangre y el agua emanadas de la herida abierta por la lanza del centurión en el costado de Cristo. Normalmente está expuesta en la Capilla del Sánto Cáliz, pero tuve la suerte de ver cómo la sacan de su vitrina en el Oficio de Jueves Santo. Está compuesto de una copa de calcedonia (piedra semipreciosa) con unas asas añadidas posteriormente.

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Cerca de la Plaza de la Reina está la recogida y coqueta Plaza Redonda, con sus tiendas de cerámica y bordados, pero no pude hacer fotos, porque estaban con obras de remodelación.

En todas las ciudades me gusta visitar los mercados, porque son un reflejo de las costumbres y la vida de sus habitantes. En el caso del Mercado Central de Valencia esta visita es imprescindible. Supongo que ha variado mucho desde que lo describió Blasco Ibañez porque han pasado 120 años, pero es un disfrute pasear entre los puestos de pescado, fruta o flores, bajo su inmensa cúpula.


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Pero el edificio que más me gusta del casco antiguo es la Lonja de la Seda, obra maestra del gótico civil valenciano y declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996. Está situada en la Plaza del Mercado, justo enfrente del Mercado Central de Valencia y de la Iglesia de los Santos Juanes. 

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Otro de los edificios que me encantan del casco viejo de Valencia es el precioso Palacio del Marqués de Dos Aguas, que alberga el Museo Nacional de Cerámica y de las Artes Suntuarias González Martí. En su interior podemos ver carrozas del siglo XVIII y los salones decimonónicos con su decoración original y una importante colección de piezas de cerámica desde la antigüedad a los más modernos diseños, entre ellos, algunos de Picasso. 

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Pero Valencia es además una ciudad moderna que sufrió una amplia renovación urbanística con la construcción de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Se trata de un gran complejo cultural y de entretenimiento, recomendado para todas las edades, pero especialmente para los niños. Fue diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava y se ha convertido en un icono de la modernidad de Valencia. La verdad es que los edificios son espectaculares y de gran belleza arquitectónica.

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El edificio con forma de ojo en primer plano es L’Hemisfèric. Contiene una sala de proyecciones de cine IMAX, planetario y láser. Detrás se ve el Palacio de las Artes Reina Sofia, dedicado a la música y a las artes escénicas. Las películas del cine IMAX son impresionantes, aunque hay momentos en que te mareas un poco. La primera vez que fui vi una sobre la estación espacial internacional y la última vez una sobre el Nilo con unas imágenes tan impactantes que parecía que sobrevolabas el río en avioneta.

El edificio más espectacular es el Museo de las Ciencias Principe Felipe. Tiene una forma parecida a un esqueleto de dinosaurio y es un enorme museo interactivo de ciencia. Uno de los experimentos que hace las delicias de grandes y pequeños es una incubadora de huevos donde continuamente están naciendo pollitos.

Museo Ciencias (Valencia)

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L’Umbracle es un paseo ajardinado con especies vegetales autóctonas de la Comunidad Valenciana (jara, romero, lavanda, madreselva, buganvilla, palmeras,…) cubierto por arcos flotantes desde donde se puede ver todo el complejo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Alberga en su interior El Paseo de las Esculturas, una galería de arte al aire libre con esculturas de autores contemporáneos.

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Como colofón, está el Oceanográfico, que es el más grande de toda Europa. La primera vez que lo visité fue cuando se inauguró en 2003 y el espectáculo de delfines no era muy bueno, porque todavía no estaban suficientemente entrenados, pero en la actualidad está muy bien. Recomendación: no se os ocurra visitarlo un Viernes Santo por la mañana, como hice yo la última vez que fui, porque es el peor día del año por la grandísima afluencia de público. Algunos de los tubos del acuario resultaban claustrofóbicos, porque había tanta gente que no te podías mover. Eché de menos la cinta mecánica que tiene el acuario de Barcelona, que evita que la gente se pare. El resto del año no está tan lleno y es una visita muy interesante.

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Finalmente, no hay que olvidar que Valencia es una ciudad con playa. Aunque no está tan integrada como en otras ciudades como Barcelona, San Sebastián o La Coruña, lo cierto es que los valencianos pueden disfrutar a 15 minutos del centro de las playas de Las Arenas, la Malvarrosa y El Cabañal. También pueden disfrutar de los restaurantes con terraza donde se sirven arroces y pescados excelentes.

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He seleccionado dos videos sobre los puntos turísticos más emblemáticos de Valencia. El primero es una guía turística de la ciudad y el segundo es una carta que escribe un extranjero a su madre contándole lo que hace en la ciudad. La carta está en inglés, pero de todos modos, las imágenes reflejan bien cómo es la ciudad. También habla de las comidas típicas como la “paella”  y la horchata.

Finalmente, no podemos olvidarnos de las Fallas.  Es la fiesta que ha hecho famosa internacionalmente a Valencia y que atrae todos los años a miles de visitantes. He escogido un video que refleja muy bien el ambiente de las calles durante esos días y que además coincide con algunas de las descripciones que hace Blasco Ibañez en Arroz y tartana sobre las fiestas y celebraciones de los valencianos.

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CIUDAD DE MÉXICO, DISTRITO FEDERAL (MÉXICO, D.F.): Los años con Laura Díaz (Carlos Fuentes)

Para la segunda entrada que dedico a México, en concreto a Ciudad de México, Distrito Federal (México, D.F.), he elegido Los años con Laura Díaz, novela escrita por el insigne escritor mexicano Carlos Fuentes, fallecido en 2012, que recibió, entre otros, el Premio Cervantes en 1987 y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1994.

 

LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ. CARLOS FUENTES

 

TITULO: Los años con Laura Díaz

AUTOR: Carlos Fuentes

EDITORIAL: Punto de Lectura

ISBN: 9788466306539

Nº DE PÁGINAS: 624

Carlos Fuentes trata de ofrecer una síntesis del último siglo de la historia de México a través de una mirada femenina, la de Laura Díaz, a la vez que describe las pasiones, el dolor, los desamores, la amistad, el amor filial y demás sentimientos de la protagonista, hasta que se encuentra a sí misma y por fin es libre.

La novela empieza como una saga familiar, con origen en Veracruz. Laura Díaz pertenece a una familia emigrada de Alemania a finales del siglo XIX. La fundadora de la saga es Cósima Kelsen, que antes de su boda con Felipe es asaltada por un bandido, “el guapo de Papantla”, que le corta los dedos de un machetazo. La anécdota se inspira, según el escritor, en lo que le ocurrió a su abuela Clotilde.

Cósima  y Felipe tienen tres hijas: Hilda, Virginia y Leticia, la madre de Laura. Esta etapa es la mejor del libro, sobre todo por el exotismo tropical, la riqueza del lenguaje y las relaciones familiares. Esta parte de la novela tiene algunas notas de realismo mágico y es donde mejor se describe la personalidad y los sentimientos de los personajes, sobre todo de la protagonista.

A partir de la boda de Laura con el sindicalista López Greene, la historia se centra en la Ciudad de México y empiezan a desfilar multitud de personajes ante los ojos de Laura: políticos, sindicalistas, famosos del momento, personajes de la alta sociedad, advenedizos, escritores, artistas, etc. Entre ellos, tienen un papel destacado en la novela los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo. Se ofrece una amplia crónica de la sociedad mexicana en una época convulsa y de cambios, pero me parece que en esta parte el personaje de Laura se diluye entre tanto personaje y hecho histórico.

Para mi gusto, la novela trata de abarcar demasiados temas. Ya es bastante ambicioso hacer una crónica de la historia mexicana de un siglo entero, pero es que además el autor integra en el libro episodios del nazismo alemán, la Guerra civil española o de la “caza de brujas” en Estados Unidos. Creo que en conjunto, el exceso de datos históricos y personajes reales resulta un poco brumador para el lector y la trama resulta un poco lenta.

Como aspecto positivo, Carlos Fuentes enfoca la historia desde una perspectiva femenina, un punto de vista diferente y postergado en un país básicamente masculino. Precisamente, uno de los aspectos de la obra que más sorprende es la capacidad del autor para ponerse en la piel de una mujer, narrar como mujer y transmitir sentimientos femeninos de una manera muy real.

 

MÉXICO, D.F.

La Ciudad de México es una inmensa metrópoli de más de 21 millones de habitantes (si se tiene en cuenta la Zona Metropolitana del Valle de México), lo que la convierte en la población más grande del continente americano y la tercera del mundo. Se asienta sobre las antiguas ciudades aztecas de Tenochtitlán y Tlatelolco, de las que poco a poco se van encontrando impresionantes restos arqueológicos.

Al empezar la visita a la ciudad lo primero que destacan son sus amplias avenidas con edificios modernos, como por ejemplo el Paseo de la Reforma o la Avenida de los Insurgentes.

A pesar de la mala fama que tiene la ciudad por los índices de peligrosidad y delincuencia, en ningún momento de mi estancia allí sentí esa inseguridad. Lo único que no me gustó es que por la noche esas amplias avenidas tienen las aceras poco iluminadas y hay poca gente por la calle, por lo que no parece muy recomendable pasear de noche. En las zonas más turísticas del centro sí que se veía a policías fuertemente armados con metralletas y grandes fusiles, cosa a la que no estamos acostumbrados en Europa.

En el Paseo de la Reforma está la emblemática Torre del Caballito, que debe su nombre a la estatua gigante que tiene delante.

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En esa misma calle está el Monumento a la Independencia, conocido como El Ángel.

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Casi en la confluencia de Reforma con Insurgentes, en la Plaza de la República está el gigantesco Monumento a la Revolución.

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A medida que nos acercamos hacia el Zócalo, los monumentos y los edificios son más clásicos. Entre ellos, destacan el Hemiciclo a Juárez, construido en honor al ex-Presidente Benito Juárez

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y el Palacio de Bellas Artes, el centro cultural más importante del país.

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Una cosa que me llamó la atención en el centro es que hay policías patrullando en patines. A un amigo mío se le ocurrió preguntar a una pareja si posarían con nosotros para una foto y lo gracioso es que lo hicieron encantados.

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Avanzando un poco más se llega a la inmensa Plaza de la Constitución, más conocida por El Zócalo, que es la plaza principal de la ciudad y el corazón del centro histórico. En la plaza se ubican: la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y el Edificio de Gobierno.

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Los días que estuve había acampadas de protesta contra el Gobierno y las tiendas de campaña en muchas ocasiones tapaban y afeaban la visión de la plaza. Como curiosidad, las fachadas de los edificios se estaban engalanando con los colores de la bandera mexicana para la celebración de la fiesta nacional.

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Dentro del Palacio Nacional, lo más destacado son los murales de Diego Rivera, al que se le encargó que narrase la epopeya del pueblo mexicano a través de la pintura. En 1929, fecha en que inició el trabajo, la mayor parte de la población era analfabeta, por lo que el muralismo se convirtió en una herramienta didáctica además de decorativa.

En los distintos murales se plasman los momentos culminantes de la historia de México, los ideales políticos de Diego Rivera y finalmente hay una zona reservada para distintas escenas de la vida cotidiana prehispánica en diferentes tiempos de las culturas mesoamericanas.

Si se quiere tener un primer acercamiento al pueblo mexicano, esta visita es imprescindible.

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Cerca de la esquina de la Catedral y el Palacio Presidencial se encuentra el Templo Mayor de Tenochtitlán, que fue descubierto por casualidad por un grupo de trabajadores de la Compañía de la Luz en 1978 mientras colocaban el cableado subterráneo. El templo se creía perdido desde tiempos de la colonia, ya que Hernán Cortés ordenó utilizar sus materiales para construir una nueva ciudad y terminar con los cultos ajenos a la religión católica.

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De la visita a la Catedral Metropolitana, lo que más recuerdo fue la impresión que me produjo saber que el enorme edificio se está hundiendo, ya que está erigida sobre un suelo cenagoso y partes de terreno rellenado (no hay que olvidar que Tenochtitlan estaba construida sobre una inmensa laguna). Se ha hecho un gran trabajo de ingeniería para nivelarla, pero la pesada estructura tiene tendencia al hundimiento desigual. En la nave central hay un inmenso péndulo para registrar este hundimiento.

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Para tener una vista impresionante de la ciudad, lo mejor es subir al mirador de la Torre Latinaomericana, de 44 pisos, ubicada cerca del Zócalo. A diferencia de otros miradores en otras ciudades, es la primera vez en la que no he podido ver los límites de la ciudad, debido a su enorme extensión.

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Otra visita imprescindible en la ciudad es el Museo Nacional de Antropología de México, ubicado en el inmenso Bosque de Chapultepec. Lamentablemente no tuve tiempo de visitarlo, lo que es motivo suficiente para querer volver a México, ya que es uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo y cada año recibe más de dos millones de visitantes.

Una vez visitado el centro de la ciudad, nos dirigimos hacia el norte, pasando por la Plaza de las Tres Culturas, llamada así porque en ella se reflejan tres importantes etapas de la historia de México: la prehispánica (ruinas de la antigua ciudad de Tlatelolco), la colonial y la contemporánea.

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No se puede comprender bien al pueblo mexicano sin visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe, que es objeto de gran fervor por parte del pueblo mexicano. Por todo el país se pueden encontrar imágenes de la “Guadalupana” en bares, tiendas, edificios públicos, viviendas, coches, …

Cuando se llega al lugar que alberga el ayate de Juan Diego (la tela del indio donde apareció impresa la imagen de la Virgen), lo primero que vemos es una enorme explanada donde hay varias iglesias que sucesivamente han estado consagradas al culto de la imagen de la Virgen, pero que resultaron pequeñas por la cantidad ingente de peregrinos que acuden a visitarla.

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La Iglesia actual es muy moderna y de planta casi redonda.

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Desde casi todos los puntos de la inmensa nave se puede ver la imagen de la Virgen. En la foto no se aprecia (y tampoco cuando estás en el interior de la iglesia), pero entre el altar y la imagen hay un foso, que permite a los peregrinos y turistas ver la imagen de cerca.

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Para evitar aglomeraciones de la gente que se acerca a ver la imagen, en el foso hay una cinta transportadora como la de los aeropuertos, de tal manera que tienes que hacer las fotos o ver a la Virgen en movimiento. Esta foto está tomada desde la cinta.

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En el sureste de la ciudad, una visita preciosa por su originalidad y colorido es Xochimilco, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que constituye uno de los principales destinos turísticos del Distrito Federal.

Se trata de una inmensa laguna, resto de los lagos aztecas, donde se ha conservado el sistema de las chinanpas, que son balsas hechas con troncos y varas, en ocasiones de considerables dimensiones, sobre la que se deposita tierra vegetal como pasto, hojarasca, cáscaras de diferentes frutas y vegetales, etc. para luego poder cultivar sobre ellas. Era el antiguo método de agricultura de los aztecas, que sirvió para cultivar flores y verduras y ampliar el territorio en la superficie de lagos y lagunas del Valle de México, haciendo a México-Tenochtitlan una ciudad flotante.

Aunque es la típica visita para turistas, la verdad es que resulta muy agradable y divertida. Los canales entre las chinanpas se recorren en unas coloridas barcas llamadas trajineras y bautizadas con nombres de mujer: Lupita, Claudia, Margarita, …

A lo largo del recorrido se te acercan otras trajineras desde la que se vende de todo: cervezas, comida, flores, muñecas, manteles, ropa, … También se acercan mariachis y por un módico precio por canción, se suben a tu trajinera y te cantan “México lindo y querido” o cualquier otra canción que les pidas mientras todos los turistas lo corean. El ambiente es relajado y festivo.

Esa es la parte más turística, pero lo más interesante es conocer cómo vive la gente en la laguna, probablemente con muchas costumbres parecidas a las de los antiguos aztecas.

Como colofón a la visita, en el mismo Xochimilco se puede contratar a los hombres voladores, que por un precio irrisorio por actuación se suben a un altísimo mástil con unas cuerdas enrolladas en las piernas y se lanzan al vacío girando y desenrollando la cuerda hasta que bajan al suelo. Es impresionante.

 

Finalmente, hay muchos otros lugares de interés en esta ciudad, por ejemplo, el Campus de la Universidad Nacional de México, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad,

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o la pintoresca Delegación de Coyoacan, con preciosas casas de colores, donde se encuentra el Museo de Frida Khalo.

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En conjunto, creo que por sus atractivos turísticos, su gastronomía y sus habitantes amables, alegres y acogedores, vale la pena visitar la Ciudad de México.