LIMA: El héroe discreto (Mario Vargas Llosa)

Este es el primer asiento que dedico a Perú, país que desde muy pequeña quise visitar, sobre todo para conocer las impresionantes ruinas de Machu Picchu. Es una nación de gente amable, con muchísimos contrastes, por el que han pasado muchas civilizaciones que dejaron un legado grandioso. También está muy presente la herencia española (en unos casos para bien, en otros no tanto). Dedicaré bastantes entradas a Perú, pero en esta ocasión voy a empezar por Lima, su capital. La novela seleccionada es El héroe discreto, de Mario Vargas LLosa.

PORTADA EL HÉROE DISCRETO

 

TÍTULO: El héroe discreto

AUTOR: Mario Vargas Llosa

EDITORIAL: Alfaguara

ISBN: 9788420414898

Nº DE PÁGINAS: 392

Poco puedo decir que no se haya dicho ya de este fantástico escritor peruano que, entre otros galardones, ha recibido el Premio Cervantes, el  Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio Nobel de Literatura.

El Héroe discreto es su última novela y se publicó en 2013. Narra la historia de dos empresarios en el Perú actual:

  • Felícito Yanaqué, es un pequeño empresario de Piura (ciudad ubicada al norte del Perú). Es un hombre que se ha hecho a sí mismo, de origen muy humilde (ni siquiera conoció a su madre, ya que le abandonó de niño) y que ha trabajado toda la vida sin descanso para levantar su empresa de transportes. Un día recibe una carta donde se le extorsiona para que pague a una banda mafiosa.
  • Ismael Carrera, es un exitoso hombre de negocios en Lima, dueño de una importante compañía de seguros. Después de sufrir un infarto, en el lecho del hospital oye a sus hijos comentar cómo desean que muera pronto para heredar su fortuna, por lo que decide que tiene que seguir viviendo y vengarse de ellos. Para evitar que sus hijos hereden su inmensa fortuna se casa con Armida, su criada, de la que se ha enamorado, a pesar de tener él ochenta años y ser ella mucho más joven.

Los protagonistas viven en entornos completamente diferentes: Piura es una ciudad pequeña y provinciana, aunque ha crecido mucho por el “boom” económico que en los últimos años ha experimentado Perú. Lima es una ciudad mucho más grande y cosmopolita y los protagonistas se mueven en ambientes de lujo y prosperidad, como se refleja en su estilo de vida.

Los dos hombres tienen en común su estricto sentido de la justicia y de la dignidad y su rebeldía ante la situación en la que se encuentran, ya que ambos deciden enfrentarse a los acontecimientos. Tienen claros sus ideales y están por encima de lo que marcan los convencionalismos y la presión del entorno. Puestos a prueba por la vida, descubren el verdadero sentido del coraje y la lealtad. Frente a ellos destacan, por el contrario, la mezquindad y la debilidad de quienes tratan de sojuzgarlos.

La novela retrata la situación actual del Perú, con un crecimiento de la economía impensable hace unos años. Pero el dinero genera codicia, como insisten varios de los personajes de la novela. Debido a esta etapa de florecimiento económico, han surgido mafias que extorsionan a empresarios de éxito y la mayoría paga para evitar problemas mayores.

Hay otros personajes esenciales como don Rigoberto, Director General de la compañía de seguros, amigo leal de Ismael, que será el nexo de unión entre las dos historias. También tienen un papel destacado su esposa, doña Lucrecia y su hijo Fonchito. Estos tres personajes son los protagonistas de dos novela de Vargas Llosa: Elogio de la madrastra y Los cuadernos de don Rigoberto. 

También aparece otro viejo conocido de los lectores de Vargas Llosa: el sargento Lituma, protagonista de Lituma en los Andes.

En conjunto, es un libro interesante, de ágil lectura, en el que se mezcla continuamente el humor con el melodrama. Son memorables las escenas amorosas y los diálogos entre don Rigoberto y doña Lucrecia. También es curiosa la historia de Fonchito, al que se le aparece continuamente un hombre que su padre piensa que es el diablo.

Estuve en Perú hace seis años y me parece que el libro refleja muchos aspectos de la situación actual de este país. No visité Piura, pero estuve muy cerca, en Chiclayo, y por la descripción es una ciudad muy parecida. Sí que visité Lima y conocí los prósperos barrios de Barranco, Miraflores y San Isidro, donde se desarrolla la novela. También conocí el restaurante La Rosa Náutica, donde tiene lugar la primera reunión entre Ismael y Rigoberto.

Aparte de la historia, lo que más me ha gustado de la novela es el lenguaje tan rico, variado y distinto del que utilizamos en España. Cuando estuve en Perú me ocurrió lo mismo: el vocabulario se entiende perfectamente, pero los vocablos utilizados son completamente diferentes a los que empleamos aquí, aunque casi siempre son mucho más sonoros y musicales.

 

LIMA

Visité Perú en el año 2008, en un viaje de 21 días sin contar el vuelo de ida y vuelta, que planifiqué personalmente por Internet con una agencia de viajes peruana. Como el país es inmenso y hay que coger bastantes vuelos, realmente el viaje se dividió en tres circuitos: uno al norte (Chiclayo, Trujillo y Huaraz), otro a las Líneas de Nazca, Paracas, Ica y Pisco y el tercero, que es el que hace la mayoría de los turistas, que incluyó Arequipa, Puno, Lago Titicaca, Cusco, Valle Sagrado y Machu Picchu. La única pena es que no nos dio tiempo a visitar la inmensa selva peruana, pero así tengo un motivo para repetir la visita a este maravilloso país.

Como en cada circuito retornábamos a Lima, esta ciudad se convirtió en nuestro “hogar” y punto de referencia, antes de empezar la siguiente ruta, sobre todo teniendo en cuenta la amabilidad del personal del hotel, siempre dispuestos a agradar y ayudarnos con cualquier problema.

Unos días antes de ir a Perú nos advirtieron seriamente sobre la peligrosidad de Lima. En ese momento se estaban produciendo muchos robos y atracos violentos en algunas zonas de la ciudad. Sin embargo, allí no tuve esa sensación de peligro, aunque debo reconocer que la mayor parte del tiempo estuvimos acompañados por una guía local o circulábamos por barrios tranquilos como Miraflores, donde están la mayoría de los hoteles y las embajadas.

Estuve allí en invierno (finales de agosto y principios de septiembre). Las temperaturas no eran muy bajas, pero Lima es una ciudad con mucha humedad y en invierno casi siempre tiene neblinas y nubes (como se puede apreciar en las fotos que incluyo), lo que hace que la sensación de frío sea constante y que los días resulten plomizos y grisáceos. Este microclima se debe a la fría corriente de Humboldt que recorre la costa del Océano Pacífico.

Ya en 2008 había empezado el crecimiento económico del país. Se veían grúas por todas partes, se estaba construyendo el metro  de Lima y proliferaba el uso de los móviles. Por todos estos motivos, Lima me pareció una ciudad próspera y moderna, aunque también hay amplias barriadas de casuchas similares a las “favelas” brasileñas. Esta foto está tomada desde un lateral de la catedral, en el centro de Lima y se puede apreciar como se extienden estos barrios pobres por las laderas de la montaña.

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Sin embargo, la ciudad tiene zonas muy bonitas para visitar. En el centro del casco histórico de Lima se ubica la Plaza Mayor, donde se encuentran el Palacio de Gobierno, también conocido como Casa de Pizarro, que es la residencia del Presidente del Perú.

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En el resto de la plaza hay preciosos edificios de fachadas amarillas con balcones de madera.

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El más bonito de todos es el Palacio Municipal, sede de la Municipalidad de Lima.

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Sin embargo, el edificio más impresionante de la plaza es el Palacio Arzobispal.

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Junto al Palacio Arzobispal se encuentra la Basílica Catedral de Lima. 

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En el interior de la catedral se guardan los restos de Francisco Pizarro, sobre cuya autenticidad ha habido mucha polémica a lo largo de los años. Como dato anecdótico, se guardan por separado el cuerpo y la cabeza del conquistador.

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Junto a la Plaza Mayor se encuentra la Basílica y Convento de San Francisco de Lima, también conocido como San Francisco el Grande o San Francisco de Jesús.

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Lo más recuerdo de este edificio son las Catacumbas, que fueron el antiguo cementerio de la ciudad en los tiempos coloniales hasta 1810 y se calcula que en aquella época debió albergar hasta 25.000 cuerpos. Hoy se pueden observar en las distintas salas un buen número de huesos clasificados por tipos y dispuestos en algunas ocasiones de forma bastante “artística” y un poco macabra, como los de la fosa común. El lugar es bastante lóbrego y estremecedor.

Para terminar con el casco histórico, destaca también la bonita y tranquila Plaza de San Martín, que me recordó a algunas plazas de Londres.

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Cambiando completamente de barrio, la zona donde están la mayoría de los hoteles, tiendas y restaurantes de Lima es el distrito de Miraflores.  Tiene grandes y amplias avenidas como la Avenida José Larco, que termina en el mar. Allí hay un enorme centro comercial, el Larcomar, con cines y típicos restaurantes de comida rápida, pero que presenta la peculiaridad de estar construido en un acantilado, de manera que las terrazas de los diferentes pisos tienen preciosas vistas al Océano Pacífico.

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Cerca del Larcomar está el Parque del Amor, que tiene un mirador frente al Océano Pacífico. Como su nombre indica, está dedicado al amor y a él acuden las parejas de enamorados para ver anochecer. En el centro hay una escultura, “El beso”, que representa a una pareja de abrazada.

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Desde el mirador se puede ver el restaurante La Rosa Náutica, del que se habla en la novela de Vargas LLosa. Además de ser uno de los mejores restaurantes de la ciudad (en un país donde la gastronomía es excepcional), lo mejor es la ubicación que tiene, sobre un espigón metido en el mar. La noche que cenamos allí, golpeaban las olas en las ventanas de nuestro comedor,

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En pleno barrio de Miraflores están los impresionantes restos arqueológicos de la Huaca Pucllana, que consta de una pirámide de 25 metros de altura hecha de adobe y un conjunto de patios, plazas y recintos. La excavación arqueológica se visita de día, pero se puede ir por la noche a cenar en el restaurante que hay dentro del complejo. De día, el conjunto resulta muy gris, porque se confunde el color de los adobes con el del cielo, pero de noche y bien iluminado, su aspecto es mágico y te hace evocar las civilizaciones que celebraron allí sus ritos.

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San Isidro es otro de los distritos prósperos de Lima. Además de las grandes compañías financieras y las embajadas, es famoso por El Olivar, un inmenso bosque de olivos de varias hectáreas, plantados hace más de 400 años y que fue declarado Monumento Nacional en 1959.

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Para los amantes de la arqueología, es recomendable hacer una excursión al Santuario de Pachacámac (a unos 30 km de Lima), que está integrado por un conjunto de pirámides de barro, donde se pueden distinguir palacios, templos, plazas y calles que eran centros de peregrinación y devoción, ya que Pachacamac fue un oráculo acertado para predecir el futuro y posibles catástrofes telúricas.

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Finalmente, para los aficionados a las compras, es imprescindible visitar el Inka Plaza, un inmenso mercado donde se vende a muy buen precio todo tipo de artesanía. Es el sitio ideal para comprar los regalos de última hora.

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Para terminar, os dejo un video que reivindica Lima como una ciudad atractiva y moderna.

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CIUDAD DE MÉXICO, DISTRITO FEDERAL (MÉXICO, D.F.): Los años con Laura Díaz (Carlos Fuentes)

Para la segunda entrada que dedico a México, en concreto a Ciudad de México, Distrito Federal (México, D.F.), he elegido Los años con Laura Díaz, novela escrita por el insigne escritor mexicano Carlos Fuentes, fallecido en 2012, que recibió, entre otros, el Premio Cervantes en 1987 y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1994.

 

LOS AÑOS CON LAURA DÍAZ. CARLOS FUENTES

 

TITULO: Los años con Laura Díaz

AUTOR: Carlos Fuentes

EDITORIAL: Punto de Lectura

ISBN: 9788466306539

Nº DE PÁGINAS: 624

Carlos Fuentes trata de ofrecer una síntesis del último siglo de la historia de México a través de una mirada femenina, la de Laura Díaz, a la vez que describe las pasiones, el dolor, los desamores, la amistad, el amor filial y demás sentimientos de la protagonista, hasta que se encuentra a sí misma y por fin es libre.

La novela empieza como una saga familiar, con origen en Veracruz. Laura Díaz pertenece a una familia emigrada de Alemania a finales del siglo XIX. La fundadora de la saga es Cósima Kelsen, que antes de su boda con Felipe es asaltada por un bandido, “el guapo de Papantla”, que le corta los dedos de un machetazo. La anécdota se inspira, según el escritor, en lo que le ocurrió a su abuela Clotilde.

Cósima  y Felipe tienen tres hijas: Hilda, Virginia y Leticia, la madre de Laura. Esta etapa es la mejor del libro, sobre todo por el exotismo tropical, la riqueza del lenguaje y las relaciones familiares. Esta parte de la novela tiene algunas notas de realismo mágico y es donde mejor se describe la personalidad y los sentimientos de los personajes, sobre todo de la protagonista.

A partir de la boda de Laura con el sindicalista López Greene, la historia se centra en la Ciudad de México y empiezan a desfilar multitud de personajes ante los ojos de Laura: políticos, sindicalistas, famosos del momento, personajes de la alta sociedad, advenedizos, escritores, artistas, etc. Entre ellos, tienen un papel destacado en la novela los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo. Se ofrece una amplia crónica de la sociedad mexicana en una época convulsa y de cambios, pero me parece que en esta parte el personaje de Laura se diluye entre tanto personaje y hecho histórico.

Para mi gusto, la novela trata de abarcar demasiados temas. Ya es bastante ambicioso hacer una crónica de la historia mexicana de un siglo entero, pero es que además el autor integra en el libro episodios del nazismo alemán, la Guerra civil española o de la “caza de brujas” en Estados Unidos. Creo que en conjunto, el exceso de datos históricos y personajes reales resulta un poco brumador para el lector y la trama resulta un poco lenta.

Como aspecto positivo, Carlos Fuentes enfoca la historia desde una perspectiva femenina, un punto de vista diferente y postergado en un país básicamente masculino. Precisamente, uno de los aspectos de la obra que más sorprende es la capacidad del autor para ponerse en la piel de una mujer, narrar como mujer y transmitir sentimientos femeninos de una manera muy real.

 

MÉXICO, D.F.

La Ciudad de México es una inmensa metrópoli de más de 21 millones de habitantes (si se tiene en cuenta la Zona Metropolitana del Valle de México), lo que la convierte en la población más grande del continente americano y la tercera del mundo. Se asienta sobre las antiguas ciudades aztecas de Tenochtitlán y Tlatelolco, de las que poco a poco se van encontrando impresionantes restos arqueológicos.

Al empezar la visita a la ciudad lo primero que destacan son sus amplias avenidas con edificios modernos, como por ejemplo el Paseo de la Reforma o la Avenida de los Insurgentes.

A pesar de la mala fama que tiene la ciudad por los índices de peligrosidad y delincuencia, en ningún momento de mi estancia allí sentí esa inseguridad. Lo único que no me gustó es que por la noche esas amplias avenidas tienen las aceras poco iluminadas y hay poca gente por la calle, por lo que no parece muy recomendable pasear de noche. En las zonas más turísticas del centro sí que se veía a policías fuertemente armados con metralletas y grandes fusiles, cosa a la que no estamos acostumbrados en Europa.

En el Paseo de la Reforma está la emblemática Torre del Caballito, que debe su nombre a la estatua gigante que tiene delante.

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En esa misma calle está el Monumento a la Independencia, conocido como El Ángel.

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Casi en la confluencia de Reforma con Insurgentes, en la Plaza de la República está el gigantesco Monumento a la Revolución.

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A medida que nos acercamos hacia el Zócalo, los monumentos y los edificios son más clásicos. Entre ellos, destacan el Hemiciclo a Juárez, construido en honor al ex-Presidente Benito Juárez

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y el Palacio de Bellas Artes, el centro cultural más importante del país.

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Una cosa que me llamó la atención en el centro es que hay policías patrullando en patines. A un amigo mío se le ocurrió preguntar a una pareja si posarían con nosotros para una foto y lo gracioso es que lo hicieron encantados.

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Avanzando un poco más se llega a la inmensa Plaza de la Constitución, más conocida por El Zócalo, que es la plaza principal de la ciudad y el corazón del centro histórico. En la plaza se ubican: la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y el Edificio de Gobierno.

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Los días que estuve había acampadas de protesta contra el Gobierno y las tiendas de campaña en muchas ocasiones tapaban y afeaban la visión de la plaza. Como curiosidad, las fachadas de los edificios se estaban engalanando con los colores de la bandera mexicana para la celebración de la fiesta nacional.

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Dentro del Palacio Nacional, lo más destacado son los murales de Diego Rivera, al que se le encargó que narrase la epopeya del pueblo mexicano a través de la pintura. En 1929, fecha en que inició el trabajo, la mayor parte de la población era analfabeta, por lo que el muralismo se convirtió en una herramienta didáctica además de decorativa.

En los distintos murales se plasman los momentos culminantes de la historia de México, los ideales políticos de Diego Rivera y finalmente hay una zona reservada para distintas escenas de la vida cotidiana prehispánica en diferentes tiempos de las culturas mesoamericanas.

Si se quiere tener un primer acercamiento al pueblo mexicano, esta visita es imprescindible.

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Cerca de la esquina de la Catedral y el Palacio Presidencial se encuentra el Templo Mayor de Tenochtitlán, que fue descubierto por casualidad por un grupo de trabajadores de la Compañía de la Luz en 1978 mientras colocaban el cableado subterráneo. El templo se creía perdido desde tiempos de la colonia, ya que Hernán Cortés ordenó utilizar sus materiales para construir una nueva ciudad y terminar con los cultos ajenos a la religión católica.

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De la visita a la Catedral Metropolitana, lo que más recuerdo fue la impresión que me produjo saber que el enorme edificio se está hundiendo, ya que está erigida sobre un suelo cenagoso y partes de terreno rellenado (no hay que olvidar que Tenochtitlan estaba construida sobre una inmensa laguna). Se ha hecho un gran trabajo de ingeniería para nivelarla, pero la pesada estructura tiene tendencia al hundimiento desigual. En la nave central hay un inmenso péndulo para registrar este hundimiento.

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Para tener una vista impresionante de la ciudad, lo mejor es subir al mirador de la Torre Latinaomericana, de 44 pisos, ubicada cerca del Zócalo. A diferencia de otros miradores en otras ciudades, es la primera vez en la que no he podido ver los límites de la ciudad, debido a su enorme extensión.

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Otra visita imprescindible en la ciudad es el Museo Nacional de Antropología de México, ubicado en el inmenso Bosque de Chapultepec. Lamentablemente no tuve tiempo de visitarlo, lo que es motivo suficiente para querer volver a México, ya que es uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo y cada año recibe más de dos millones de visitantes.

Una vez visitado el centro de la ciudad, nos dirigimos hacia el norte, pasando por la Plaza de las Tres Culturas, llamada así porque en ella se reflejan tres importantes etapas de la historia de México: la prehispánica (ruinas de la antigua ciudad de Tlatelolco), la colonial y la contemporánea.

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No se puede comprender bien al pueblo mexicano sin visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe, que es objeto de gran fervor por parte del pueblo mexicano. Por todo el país se pueden encontrar imágenes de la “Guadalupana” en bares, tiendas, edificios públicos, viviendas, coches, …

Cuando se llega al lugar que alberga el ayate de Juan Diego (la tela del indio donde apareció impresa la imagen de la Virgen), lo primero que vemos es una enorme explanada donde hay varias iglesias que sucesivamente han estado consagradas al culto de la imagen de la Virgen, pero que resultaron pequeñas por la cantidad ingente de peregrinos que acuden a visitarla.

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La Iglesia actual es muy moderna y de planta casi redonda.

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Desde casi todos los puntos de la inmensa nave se puede ver la imagen de la Virgen. En la foto no se aprecia (y tampoco cuando estás en el interior de la iglesia), pero entre el altar y la imagen hay un foso, que permite a los peregrinos y turistas ver la imagen de cerca.

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Para evitar aglomeraciones de la gente que se acerca a ver la imagen, en el foso hay una cinta transportadora como la de los aeropuertos, de tal manera que tienes que hacer las fotos o ver a la Virgen en movimiento. Esta foto está tomada desde la cinta.

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En el sureste de la ciudad, una visita preciosa por su originalidad y colorido es Xochimilco, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que constituye uno de los principales destinos turísticos del Distrito Federal.

Se trata de una inmensa laguna, resto de los lagos aztecas, donde se ha conservado el sistema de las chinanpas, que son balsas hechas con troncos y varas, en ocasiones de considerables dimensiones, sobre la que se deposita tierra vegetal como pasto, hojarasca, cáscaras de diferentes frutas y vegetales, etc. para luego poder cultivar sobre ellas. Era el antiguo método de agricultura de los aztecas, que sirvió para cultivar flores y verduras y ampliar el territorio en la superficie de lagos y lagunas del Valle de México, haciendo a México-Tenochtitlan una ciudad flotante.

Aunque es la típica visita para turistas, la verdad es que resulta muy agradable y divertida. Los canales entre las chinanpas se recorren en unas coloridas barcas llamadas trajineras y bautizadas con nombres de mujer: Lupita, Claudia, Margarita, …

A lo largo del recorrido se te acercan otras trajineras desde la que se vende de todo: cervezas, comida, flores, muñecas, manteles, ropa, … También se acercan mariachis y por un módico precio por canción, se suben a tu trajinera y te cantan “México lindo y querido” o cualquier otra canción que les pidas mientras todos los turistas lo corean. El ambiente es relajado y festivo.

Esa es la parte más turística, pero lo más interesante es conocer cómo vive la gente en la laguna, probablemente con muchas costumbres parecidas a las de los antiguos aztecas.

Como colofón a la visita, en el mismo Xochimilco se puede contratar a los hombres voladores, que por un precio irrisorio por actuación se suben a un altísimo mástil con unas cuerdas enrolladas en las piernas y se lanzan al vacío girando y desenrollando la cuerda hasta que bajan al suelo. Es impresionante.

 

Finalmente, hay muchos otros lugares de interés en esta ciudad, por ejemplo, el Campus de la Universidad Nacional de México, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad,

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o la pintoresca Delegación de Coyoacan, con preciosas casas de colores, donde se encuentra el Museo de Frida Khalo.

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En conjunto, creo que por sus atractivos turísticos, su gastronomía y sus habitantes amables, alegres y acogedores, vale la pena visitar la Ciudad de México.